Los equipos de fútbol más costosos no sólo de España sino del mundo eliminados, un Rey cayendo en una segunda adolescencia, un desempleo por encima del 25% y una economía en recesión que se desliza a una crisis sin precedentes, tienen a los ibéricos al borde del colapso.
El recién elegido gobierno de Mariano Rajoy promete bajar el déficit fiscal a niveles del 3,5% del PIB desde el 6% actual. También afirma que no necesita capital para el sistema financiero español y promete ajustes en los sistemas pensionales y de salud en el corto plazo. Todo un sartal de mentiras, disfrazadas de metas incumplibles.
A diferencia de Grecia, la caída de España desataría el fin de la zona Euro, a la cual el Banco Central Europeo considera estar apuntalando con una política monetaria equivocadamente restrictiva y que mantiene su moneda revaluada frente al dólar en niveles insostenibles, por encima de 1,32 dólares. Sólo una devaluación del euro por debajo de 1,2 dólares podría dar oxígeno a la acosada situación económica del Viejo Continente, pero los alemanes no quieren sufrir pérdidas en su capacidad adquisitiva frente a la moneda americana, por considerar que no es justo que paguen por el jolgorio de los ibéricos. Ya en Brasil no sólo les piden visa a los españoles, sino que les restringen su permanencia.
Mientras tanto, en Francia el gobierno de derecha de Sarkozy cede terreno, no a la izquierda como algunos diagnostican, sino al más recalcitrante radicalismo de derecha o neonazismo, que pone de manifiesto el desespero del pueblo galo ante la ineficacia del discurso mediocre de su actual líder. Europa grita de desespero.
Tan grave es lo que está pasando, que la migración es de la Madre Patria a nuestro chistoso país, que se vanagloria de estar tan boyante como para regalar casa a los pobres, aunque la verdad es que están sólo devolviendo las migajas de una deuda social infinita, al tiempo que cínicamente el ministro de Hacienda, convertido en toda una diva en el sitio web de la entidad que preside, niega su candidatura presidencial, aceitada por una mermelada que sólo comerá una pequeña parte de los veinticinco millones de pobres reportados por el DANE.
José Roberto Acosta