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La guerra de las monedas

05 de noviembre de 2010 - 10:00 p. m.

El anuncio de la Reserva Federal de EE.UU. de inyectarle US$600 mil millones a la economía de su país busca contrarrestar las medidas chinas, pero afecta divisas como la colombiana.

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El orgullo no vende y una moneda orgullosa o revaluada tampoco. Sólo quien vende tiene ingresos y con ellos el combustible para crecer comercial y económicamente. Por ello un dólar “humilde” constituye la táctica más importante para reactivar la economía norteamericana, ya que el abaratamiento sin precedente del costo del dinero y los beneficios tributarios no han dado el fruto esperado para reactivar la demanda de su consumidor interno. Ahora les tocó buscar afuera.

Y ante ese ataque comercial, con el tipo de cambio como principal arma de Estados Unidos, ¿quién podrá defendernos? Creo que nadie. El costo de la crisis financiera, que hasta el momento han pagado los países desarrollados, empezará a cobrar factura a los países en vías de desarrollo mediante el fortalecimiento de sus respectivas monedas.

En Colombia, las medidas tomadas por el Gobierno, tales como la compra diaria de dólares por parte del Banco de la República, la baja arancelaria al sector agropecuario para abaratarle costos, la reforma al Plan Financiero de 2011 por parte del Ministerio de Hacienda para bajar en US$384 millones el endeudamiento, la no monetización de US$1.500 millones, por ahora, y la eliminación de exenciones al endeudamiento externo, no dejan de ser medidas inocuas, ante un tsunami de dólares cuyo objetivo final es el de reposicionar las exportaciones norteamericanas y proteger su mercado interno para el casi exclusivo interés propio, sin importar lo que pase con el resto del mundo.

Esta inyección intravenosa de “doping monetario” que la Reserva Federal está suministrando a su economía no sólo afectará negativamente a los demás países, que perderán competitividad cambiaria y comercial ante EE.UU., sino que también tendrá consecuencias sobre el nivel de precios en el mediano plazo. Esto ya se observa en el mercado mundial de materias primas, llegando muchas de ellas a precios récord sólo vistos antes de la crisis de 2008.

Pero como decía Keynes: “en el largo plazo todos estaremos muertos” y por el momento hay que arreglar lo urgente, así se comprometa lo importante. Algo en lo que Colombia ha sido desafortunadamente consistente, pues desde el Gobierno anterior, por estimular el crecimiento de corto plazo, el gasto público nunca se ajustó en las épocas de vacas gordas y el desequilibrio fiscal, que acentúa la revaluación del peso, nunca se moderó; la infraestructura nunca se modernizó y la cultura para administrar el riesgo cambiario se ahogó mediante subsidios a sectores escogidos a dedo. Ahora no saben a quién llorarle, ante la falta de legitimidad para continuar con esas políticas proempresa en detrimento de las más sanas políticas promercado.

Guerra es guerra y el arsenal puesto en el campo de batalla comercial por las autoridades económicas norteamericanas no es para perderla, sino para apabullar a sus contrincantes como China, dejando en el camino víctimas como Colombia, que en mi opinión, parece resignarse a la falta de ajuste fiscal y a medidas microeconómicas sin poder alguno y que, en casos como el control de capitales, sólo beneficiarán a especuladores y a nuestro sistema financiero que, ante el bloqueo a la competencia de crédito barato del exterior, seguirá cobrando tasas de créditos mucho mayores a las actuales y que en términos reales siguen siendo de las más altas del mundo.

 *Gerente de Inversionesde Asesores en Valores S.A.

 

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