Mientras que en Colombia se presenta un mínimo histórico en cifras anualizadas de inflación al cierre de noviembre pasado, Venezuela presenta una de los mayores incrementos en precios del mundo, registrando el 26,2% anual y evidenciando que mientras nuestro mercado adolece de la falta de demanda, el de ellos adolece de la falta de oferta, especialmente en bienes perecederos como son los alimentos, entre otras causas, por lo que algunos denominan “bloqueo comercial” contra nuestro país.
Si la tensión política se mantiene, sólo habrá perdedores en ambos lados de la frontera. De este lado, pérdidas de muchos productores que, ante la imposibilidad de acumular inventarios por dificultad de almacenamiento, tienen que vender en el mercado local por debajo de costo y seguramente reducirán su oferta futura de ganado y alimentos, perjudicando la autosuficiencia alimentaria que ha caracterizado a nuestro país. Mientras que del lado venezolano los perdedores serán los que dependen de un ingreso fijo que, al ver deteriorada su capacidad adquisitiva, se verán acechados por una mayor pobreza.
La historia nos hizo así, interdependientes. Sin embargo, en esta interdependencia Colombia ha llevado la mejor parte, pues era quien producía, estimulaba su empleo y generaba valor a su economía a cambio de los petrodólares de nuestros vecinos bolivarianos, algo que el presidente Chávez parece que quiere “equilibrar”, buscando otros mercados para no depender tanto del nuestro y moderar su vulnerabilidad geopolítica a la despensa que le representa nuestro país. Sin embargo, en ese proceso serán muchos los caídos y debe ser urgente para nuestro Gobierno estructurar una tabla de salvación para miles de empresarios que dependen casi exclusivamente del vecino, ya que la actual situación puede ser más estructural de lo que se cree, marchitando a largo plazo esa fuente de ingreso.
Hay que tener polo a tierra ante el entusiasmo de algunos con el buen dato de inflación, pues la abundante oferta de alimentos debido a la restricción de exportaciones a Venezuela es su causa central, como se desprende del hecho estadístico de que otras medidas de precios, que no tienen en cuenta ese rubro, estén por encima del 3% anual, de todas formas muy bajo, pero también muy sensible a restricciones de oferta inevitables como la que sucederá por el Fenómeno del Niño.