Si las pastillas de chiquitolina del Chapulín Colorado existieran, ya las hubieran comprado todos los líderes europeos quienes, en tan complicada crisis económica, quieren hacerse invisibles para no recibir la condena de la historia ante su impotencia y, en algunos casos, incompetencia.
Una de las alternativas era la emisión de un eurobono, pero Alemania descartó de plano este instrumento, antes de que su propia emisión de bonos fuera un fracaso ante la poca demanda del mercado.
Mientras tanto, en América, Supermán le envidia el Chipote Chillón al Chapulín, para paliar el desequilibrio fiscal con que Estados Unidos se viene ahogando, contradiciendo las políticas de austeridad que, por intermedio del Fondo Monetario Internacional, impuso en América Latina en los años ochenta para superar una crisis similar, pero que nunca aplicó en carne propia, como si fuera indestructible. A la fecha la desconfianza pulula en sus mercados y está pendiente de la prueba de solvencia a sus más grandes bancos, en donde nadie se atreve a predecir si presentan estados financieros fiables o sólo balances de papel que en cualquier momento pueden colapsar.
Y en Colombia ¿quién podrá defendernos de un tratado de libre comercio con Estados Unidos? Si en el Parlamento de Corea del Sur el enfrentamiento por dicho tratado llevó hasta niveles de ataque con gas lacrimógeno entre sus miembros, debido a que se sienten vulnerables por su falta de preparación, en sectores como el agropecuario y de pequeña empresa, ¿qué le depara a un país como el nuestro? Además, sorprende cuando el ministro de Hacienda, de manera grosera, contesta a la Contraloría que fortalecer a tan importante órgano de vigilancia es un acto de clientelismo y desperdicio, en lugar de considerarlo un acto de construcción de infraestructura institucional que tanto hace falta, para que los recursos públicos no se sigan perdiendo o despilfarrando como se evidencia con la crisis invernal actual, en que la ni la Emergencia Económica decretada hace un año, ni las donaciones nacionales e internacionales, se vieron para no repetir la tragedia que nos inunda.
La sencillez del Chapulín resultó más eficiente que la parafernalia irreal del hombre de acero que ante la kriptonita de la desregulación y el abuso del sistema financiero termina en una peligrosa agonía.