Hasta mediados de junio, el dinero en circulación dentro de la economía colombiana había crecido casi 11% anual, medido por la Base Monetaria, mientras la cartera del sistema financiero apenas lo había hecho en 5% anual.
Entonces, ¿en qué se utiliza ese dinero que no va a préstamos?, pues parece que a ser invertidos en TES, que durante la última semana presentaron una importante valorización, a pesar de que el Ministerio de Hacienda informó que, para lo que resta del año, la oferta en subastas de títulos de deuda se incrementará en $2 billones frente a lo presupuestado, para cubrir el hueco que deja la no venta de Isagén.
El apetito por los TES se explica por el favorable resultado de inflación de alimentos para el mes de junio pasado, que desinfla las expectativas de una aceleración de la inflación y que, con el nivel de desempleo y un crecimiento económico concentrado en minería y petróleo, que no generan muchos puestos de trabajo, genera dudas sobre nuestra demanda agregada, la cual no ha podido suplir la caída de la demanda venezolana.
A nivel global, se desinfla la sensación de recuperación. El índice accionario Dow Jones cayó 5% en la semana, se destruyó empleo en EE.UU. y la vivienda tampoco se recupera en ese país, lo que genera aversión a riesgo y la necesidad de proteger el capital en bonos del Tesoro Americano. Si las acciones no rinden y el dólar sigue débil, las alternativas de inversión se reducen a renta fija.
Ahora bien, la abundante liquidez puede ser una trampa, por la sensación de valorización de activos, pero sin sustento en un flujo futuro de caja que soporte su valor. Ante bajas tasas de interés, se puede cometer el error de invertir a plazos muy riesgosos y a la compra de acciones con poco crecimiento y baja demanda que no tendrán grandes ventas ni márgenes atractivos. Entre el hecho de que la inversión rente 3% anual con plazo a un año y 7% a plazo de seis años o más, prefiero lo primero.