Lástima que el Gobierno no aproveche el nivel récord de recaudos tributarios y las altas utilidades de Ecopetrol para cumplir su promesa de campaña electoral de eliminar, o por lo menos disminuir, el gravamen a los movimientos financieros o impuesto del 4×1.000.
Una de las preocupaciones ha sido la de cómo reemplazar los $5 billones provenientes de este gravamen, pero está probado que, a pesar de su aumento, el año pasado su peso en el total de recaudo estuvo cercano a los $90 billones, apenas el 5,5%, y que se verían reemplazados por el mayor desarrollo económico y formalización de actividades económicas provenientes de su eliminación, gracias a la mayor bancarización que tan importante hecho generaría.
Según Asobancaria, sólo el 63% de la población adulta está bancarizada, porcentaje muy por debajo de países como Chile o Brasil; en este último, por cuenta del programa de Bolsa Familia se bancarizaron cerca de 13 millones de mujeres cabeza de familia, para recibir un subsidio mensual que va desde US$19 hasta US$142 y que, de cobrárseles no sólo el gravamen de movimientos financieros a los bancos pagadores, sino también los elevados costos que cobran nuestros bancos por sólo tener cuenta, estas beneficiarias terminarían con saldo rojo.
Pero en Colombia es más rentable políticamente que el funcionario público se saque la foto entregando el subsidio de manera directa mediante el programa de Familias en Acción. Así las cosas, el desmonte del 4×1.000 perpetúa la personalización populista de la ayuda en lugar de permitir su institucionalización.
Viene otra reforma tributaria, rompiendo otra promesa de campaña, pero que busca desmontar los beneficios tributarios establecidos por el gobierno anterior, tales como la exención de impuestos a la reinversión de utilidades y que sólo inflaron aún más los precios de la finca raíz, sin generar empleo.
Ojalá se dé pie a un recaudo más progresivo o justo con quienes menos tienen. Ojalá nuestros honorables congresistas si lean la reforma propuesta y no salgan con el vergonzoso argumento con el que salieron después de haber aprobado la Ley de Regalías, de que “los engañaron”. Ojalá el Gobierno y el Legislativo retomen la equidad como política y no perpetúen el asistencialismo que aceita sus votos en cada elección.