Se anuncian, como en todo comienzo de gobierno, nuevas medidas severas para corregir los errores en el trato de la Policía de Tránsito con los conductores y los peatones. La masa de población que pasa parte de su vida diaria en las calles de una ciudad en crecimiento, será conminada a respetar más a la Policía y a pagar muy caro cualquier contravención. Sorprender a un conductor sin cinturón de seguridad o pasar una señal que muchas veces es confusa, costaría más de lo que ese infractor pueda recibir en un mes de sueldo.
Lo que nunca se ha hecho es aumentar la Policía en la proporción debida para asegurar esos controles con alto profesionalismo y respeto a los derechos humanos en las vías públicas. En cuanto crezca más la población y menos la Policía, será más difícil evitar las infracciones de unos y las “mordidas” de otros. Eso pasa en Bogotá como en México o cualquiera otra ciudad de parecidas características.
Sería bueno saber cuál fue el aumento de la Policía y de sus responsabilidades en Bogotá en relación con los habitantes, en los cuatro años del alcalde Garzón. Lo que más se difundió fue el escandaloso descubrimiento de choferes que han pasado su vida de trabajo con pases fraudulentos y sin castigo. En los últimos días un jovencito embriagado, en un carro distribuidor de leche, se estrelló contra una casa, produjo un incendio con varios muertos, casi acaba con un barrio y en principio se dijo que podría salvarse de la cárcel porque no hay ley ni Policía eficientes para evitar casos tan monstruosos. En cambio, una señora que sale sola en su carro a buscar una droga para su hijo, está en alto riesgo de ser asaltada, herida y robada. Peor le va a quien cae en poder del altísimo número de delincuentes especializados en el “paseo millonario”, porque no hay Policía suficiente y bien entrenada para cubrir ese peligro social.
Avanzar en esa protección no se logra con mostrar de vez en cuando diez nuevas radiopatrullas o veinte motocicletas, o con aplicar costosas multas que van al baúl sin fondo de presupuestos que permiten vistosos despilfarros, en vez de proteger las calles cada vez más destrozadas e inseguras.
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COLETILLA.- Menos se logra si las grandes medidas de fondo son para cambiar el nombre de “tránsito” por el de “movilidad”.