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El rating y los malos ejemplos

14 de enero de 2008 - 11:51 a. m.

Al comenzar 2008 sigue la peligrosa distorsión de lo que fue el periodismo como principal medio difusor de la información, la educación y los buenos ejemplos. La creación de cualquier medio de expresión buscaba orientar a las clases incultas hacia el respeto a ideas para una vida sana y con más paz y justicia. Hoy, el rating justifica los medios.

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Subsisten símbolos tradicionales de ese estilo de comunicación, ahora amenazados por inventos tecnológicos empeñados en reemplazar los cerebros humanos por máquinas que permitan hacer más dinero con menos preparación intelectual. 2007 fue un año fatal, porque siguió en ascenso la productividad de los transmisores de escándalos y frivolidades y en descenso los de mayor nivel cultural. La digitación instantánea y globalizada de una máquina bajo patrones que fomentan la ignorancia, ha demostrado que produce más dinero que el talento y la ciencia alcanzados con gran esfuerzo mental.

En estos azarosos días de cambio de año, en Colombia ha sido afanoso el rebusque de imágenes y voces de personajes que en su momento no tuvieron divulgación amplia, no por censura sino por simple decencia y rechazo a los malos ejemplos. Nunca se vio igual despliegue de vocablos hirientes o de irresponsabilidad para divertir a enormes audiencias que no creen necesario leer, escribir, pensar o sumar, porque esperan que todo eso lo haga su minúsculo teléfono celular.

Ha sido exagerado el espacio a hechos o frases a los que antes no se les dio importancia por venir de personajes siniestros  y despreciables, y ahora son utilizados, más con fines políticos que humanitarios, dentro del proceso de liberar a secuestrados como el pequeño Emmanuel.

Para hacer frente a los peligros de hacer fortunas con el escándalo, la ilegalidad y la indecencia, está en marcha una actualización de las escuelas de comunicación, que utilice lo mejor del gran pasado periodístico, con las novedades científicas del presente y el previsible futuro. Así, desde las universidades, las academias y los nuevos esquemas de las industrias de la palabra, la luz y el sonido, está formándose una nueva generación que restablezca la responsabilidad de esta profesión como medio excepcional de educación y no de incultura.

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COLETILLA.-Mejor el imperio del buen ejemplo que el imperio del rating.

josalgar@elespectador.com

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