HAN AUMENTADO LAS NOTICIAS sobre delincuencia común, para complementar los grandes escándalos que no faltan en época preelectoral.
Uno de los casos más curiosos es la mujer sorprendida por una cámara oculta en un gran almacén de la costa, cuando acababa de robar un televisor que escondió en sus faldas. Abundan también los casos de raponazos a personas que caminan descuidadas, ya sea por estar escuchando su ipod o al demostrar a gritos que tienen teléfono celular. Hay nuevas modalidades de estafa con el cambio de fajos de billetes buenos por falsos, lo cual es el principio de las estafas millonarias de las pirámides a alto nivel.
No han sido suficientes los recursos para combatir esos delitos. Las cámaras de televisión escondidas sirven para sorprender, pero poco para castigar, pues no son suficiente prueba. Hay edificios donde colocan feísimos rollos de alambre de púas, o alambradas electrificadas, cuando los ladrones emplean otros sistemas para entrar con engaños sin que nadie los note. Abundan los vigilantes con el letrero de “Seguridad privada” bien bordado en la espalda, que cumplen su función individual sin actuar frente a lo grave que vean a su alrededor. Un abierto estímulo a los delincuentes es dejar en libertad a responsables capturados públicamente, porque no hay lugares o razones suficientes para encarcelarlos.
Ese tipo de delincuencia común tiene ahora un refuerzo por las olas de desplazados de las zonas de violencia hacia las grandes ciudades. Ningún esfuerzo oficial es suficiente para llenar las necesidades de esas pobres gentes que quedaron sin hogar o que salieron de fuerzas guerrilleras acostumbradas a delinquir. Por hambre o por maldad, muchos terminan exponiendo su vida para robar una billetera, una cadena o un reloj.
Es inquietante también el aumento de los menores delincuentes, víctimas en su mayoría de las drogas, el alcohol y el abandono familiar, que atracan o hieren a sabiendas de la impunidad por falta de reformatorios.
Coletilla. Lo peor es cuando raponazos y malos manejos provienen de los más obligados a dar buen ejemplo.