EL RECUERDO DE HERNÁN DÍAZ, CUya muerte tanto hemos lamentado, lleva a colocarlo entre los primeros colombianos que se acercaron a lo que hoy es el arte fotográfico como sustituto de la pintura del óleo y el pincel.
Díaz estudió la fotografía como profesión, primero fue reportero de publicaciones internacionales y luego se especializó en el arte de penetrar al alma de las personas a través de sus expresiones. Si Da Vinci duró cuatro años en precisar a mano la mirada y la sonrisa de la Gioconda, la máquina de retratar permitió disponer al instante de miles de gestos, hasta llegar a la alta definición de la cámara digital. La revolución ha invadido los museos y ha elevado la categoría del fotógrafo como artista descubridor de nuevas sensaciones.
Los diarios y revistas colombianos tuvieron siempre muy cerca a Díaz, no como periodista sino como maestro, impulsador de famosos reporteros de su época, como Ignacio Gaitán, Daniel Rodríguez, Alberto Garrido, Sady González, Carlos Caicedo o Manuel H. Rodríguez. Un pionero anterior fue el padre del gran pintor Gonzalo Ariza. Don Aristides Ariza era retratista de personajes, con cámaras de trípode y flash con magnesio. Otro gran fotógrafo artista ha sido Carlos Duque, en su especialidad de convertir las imágenes en objetivos de venta, ya sea de dentífricos o de presidentes.
Lo que viene ahora es escudriñar los archivos de Hernán Díaz para descubrir lo que no alcanzó a divulgar en libros y galerías. Una de sus grandes admiradoras fue Gloria Zea, quien estaba preparando con él un libro y una exposición que pronto se abrirá en el Museo de Arte Moderno. Hay mucho por conocer de esas sabrosas sesiones que sostenía con figuras de la actualidad que caían como modelos bajo sus trucos de mordacidad y sorpresa, para extraerles la expresión más exacta de su intimidad.
Coletilla: Están por descubrirse las encrucijadas del alma de diversos personajes de actualidad.