SE HA ADVERTIDO ESTA SEMANA, AL ceder la ola de terror por la pandemia gripal, el olvido de otras epidemias que no han tenido parecida atención en Colombia. La corrupción en organismos del Poder Judicial, por ejemplo. O una que sentimos de cerca todos los colombianos: los motociclistas.
Un caso repetido a diario en ciudades, veredas y carreteras, es el del motociclista que se atraviesa y causa estrellones que dejan muertos y heridos. Lo ocurrido cerca de Usme dejó al descubierto otros problemas, como vías públicas en total descuido, los buses chatarra mezclados con las rutas exclusivas de Transmilenio, o los buses articulados que puedan excederse en velocidad.
Hay crecimiento exagerado y descuidado de las motocicletas. Dejemos a un lado a los deportistas que gastan fortunas en últimos modelos y tienen su circuito cerrado y cumplen las normas legales, pero siembran en la juventud el afán de imitarlos con piques en zonas prohibidas. También es respetable la bicicleta como instrumento de trabajo y con los requisitos de casco, chalecos distintivos, uso de ciclovías y normas precisas de circulación.
Lo grave es la popularización incontrolable de la bicicleta y la moto en estratos bajos urbanos y campesinos. Hay poblaciones como Chía y Cajicá en donde no hay familia de zonas agrícolas e industriales que no tenga varios de esos aparatos. En toda zona residencial de ciudades o pueblos el regalo obligado para recién nacidos es el triciclo y a los cuatro o cinco años la bicicleta, sin prestar atención a las normas. Eso lleva a que los niños y los obreros tengan enseguida la ilusión de la moto, mucho más peligrosa. En condominios campestres cercanos a las ciudades es un gran problema el de los padres que protegen en esa forma a sus hijos irresponsables.
Si se ha propuesto levantar con rapidez el comando unificado que tiene controlada la gripe, urge otro comando contra las bicicletas y motos que no respeten leyes ni vidas.
Coletilla.- Una encuesta de hoy daría medio muerto por la gripe por cada cien muertos por las motos.