EN CADA UNO DE SUS 122 ANIVERSArios este periódico ha recordado siempre las lecciones de su fundador en el primer editorial. Varios de esos aniversarios fueron con el diario clausurado o perseguido, por lo cual hacía más emotivo el recuerdo y más urgente el regreso a la circulación normal.
Cuando comenzaba mi carrera periodística, lo más importante que me ocurrió fue la coincidencia con el primer cincuentenario. En 1937 llevaba varios años de curso acelerado de espectadorismo y tenía a mi favor un premio por velocidad de mecanografía con los diez dedos. Por eso me escogieron para trabajar con los encargados de revisar las colecciones de los primeros cincuenta años en Medellín y Bogotá, para una gran edición que circuló el 22 de marzo de este año.
Por aquellos días ya era famosa la sala de redacción de uno de los dos periódicos con mayor reflejo de la opinión pública en el régimen liberal. Terminaba el primer período de López y comenzaba a perfilarse Santos como próximo presidente: Don Luis Cano, que escribía a mano sus vigorosos editoriales, con una fina letra que muy pocos aprendimos a descifrar, fue además el principal seleccionador de editoriales y artículos para la extra de los primeros cincuenta años.
Hace dos años, en la celebración de los 120, me emocioné al ver en Fidelina, la casa campestre del fundador, en Medellín, uno de los pocos ejemplares intactos de aquella extra. Otros no se salvaron de las llamas o del abandono. Y volví a revisar frases que se convirtieron en testamento, aplicable a cualquier época: no dar a las buenas y a las malas acciones un mismo nombre; no hablar a los dueños del poder el lenguaje de la lisonja; no tributar aplausos a los hombres ni a los actos sino cuando la conciencia no lo mande; servir a la patria con criterio liberal y al liberalismo con criterio patriótico.
COLETILLA.- Otra vieja consigna de la palabra libre: no callar ni arrodillarse.