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¿El trabajo o la hija?

28 de agosto de 2014 - 10:51 p. m.

Muchos conocen a Mohamed El-Erian, director de la firma financiera Pimco, por la excelencia de su gestión y la lucidez de sus ideas, y por ello lo suelen invitar para ofrecer sus opiniones en programas de noticias como CNN y Bloomberg, y también en las publicaciones financieras más importantes del mundo.

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Por eso causó revuelo cuando El-Erian anunció el retiro de su cargo, y más cuando explicó la razón: pasar más tiempo con su hija pequeña.

Nadie podía creer la noticia. A fin de cuentas, Pimco es el inversor de bonos más grande del planeta, con más de 2.400 empleados y oficinas en 12 países, fundada por Bill Gross en 1971, y con 2 trillones (US) de activos bajo gestión. El-Erian era el aparente heredero de Gross, y ser cabeza de esa firma es uno de los cargos más codiciados del sector financiero, así como uno de los mejor remunerados. De modo que dejar semejante puesto por una niña sin problemas, parecía incomprensible.

Ocurrió así: una noche el empresario le dijo a su hija que se cepillara los dientes para acostarse a dormir. La niña no lo hizo. El-Erian repitió la orden. La niña no lo hizo. El hombre le dijo: “Fíjate en mi rostro y verás que te hablo en serio”. La niña pareció pensarlo un minuto, fue a su alcoba y regresó con una hoja de papel: era una lista de 22 eventos importantes de la escuela a los que, por razones de trabajo, el ejecutivo no había asistido. Quedé helado, admite. Claro: para cada uno de esos eventos él tenía una buena razón para faltar: viajes de negocios, reuniones urgentes, citas importantes. Pero a la vez él entendió que había algo más grande de por medio: así tuviera una excusa válida para todas esas actividades, su hija estaba creciendo y él se estaba perdiendo del privilegio de acompañarla en su recorrido. El equilibrio entre su papel de padre y su papel profesional estaba desnivelado, y él lo tenía que corregir. Entonces renunció a la firma, y hoy pasa gran parte del día con su hija: la lleva al colegio y está presente en todos sus eventos. Ha sido la mejor decisión de mi vida, dice.

Claro, Mohamed El-Erian reconoce que muy poca gente en el mundo puede pasar tiempo con los hijos. La mayor parte de los padres tiene que trabajar de sol a sombra, y gozar de la familia es un lujo. Pero su mensaje lo dirige a quienes sí podrían reducir un poco el tiempo que dedican al trabajo, a la vida social y a los amigos, para estar más presentes con la familia, y, por un error en sus prioridades, o porque lo urgente no deja tiempo para lo importante, como dice Mafalda, no lo hacen. Ésa es la verdadera riqueza: estar con los hijos y verlos crecer, y si alguien se puede dar ese lujo, es una lástima no hacerlo.

El tiempo que tenemos con los hijos es muy limitado, y se ilustra con un solo ejemplo. Hay fiestas que tienen un aire mágico, como la Noche de las Brujas. Por lo general un niño empieza a gozar esa fiesta a los 2 años, y empieza a darle vergüenza el disfraz (“oso”, decimos en Colombia) como a los 12. Eso significa que, en toda la vida, sólo existen unas 10 ocasiones para hacer de ésa una noche mágica. No 20 ni 15. Diez: un número específico y limitado. Igual pasa con las demás fiestas: son cortas y efímeras, como la niñez de nuestros hijos, que es dolorosamente breve. Ahí está su drama. Pero también su grandeza.

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