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La invalidez del No

08 de septiembre de 2016 - 03:14 p. m.

Los defensores del No tienen serios reparos al proceso de paz que se firmó en La Habana, y están haciendo lo posible para convencer a la gente de votar en contra del plebiscito de octubre.

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Incluso el expresidente Uribe reiteró hace poco: “Con argumentos haremos la campaña del No al plebiscito”. El problema es que esos argumentos carecen de validez.

De un lado, Uribe y sus fieles dicen que nada justifica la participación de las Farc en política. Cierto: ver a estos asesinos ocupando curules y buscando el voto de las mismas personas que ayer extorsionaban, asesinaban y secuestraban, no es fácil de tragar. Pero pregunto: si no es válida la participación de las Farc en política, ¿no se debería decir lo mismo de otros grupos rebeldes que cometieron atrocidades y se incorporaron a la democracia? ¿Acaso unos sí y otros no? ¿Y acaso habría sido mejor para el país que el M-19, nada menos que el causante de la tragedia del Palacio de Justicia y tantos otros crímenes, hubiera seguido en la rebelión en vez de haberse desarmado, desmovilizado y convertido en partido político? Se podrá debatir sobre qué tan buenos han sido estos exguerrilleros como políticos, alcaldes o gobernadores, pero sería una infamia decir que era preferible que siguieran al margen de la ley. Igual pasa con las Farc. Se justifica su acción en política por la misma razón que se justificó la del M-19: es mucho mejor que estén haciendo política, dentro del sistema, que fuera del mismo, cometiendo atrocidades.

Otro argumento del No es que en este proceso triunfó la impunidad. Esto es lo que menos se ha entendido. En los acuerdos se establece que no habrá impunidad, y a las Farc, por ser un grupo rebelde que no ha sido vencido en combate, no se le puede imponer las mismas penas y castigos de un movimiento insurgente derrotado. No cabe un juicio histórico tipo Nuremberg. Eso quisiéramos, claro está, pero no es posible. Además, no es válido que quienes critican este proceso por su supuesta impunidad no hayan criticado la impunidad que sí ocurrió, y con más del doble de insurgentes, en el proceso de Uribe con los paramilitares. Es como quien protesta por el acto criminal de un político y no por el de un empresario. Hay temas en los que hay que estar de acuerdo o desacuerdo de manera absoluta, y la impunidad es una de ellas. Se ha dicho antes: de 32.000 paras desmovilizados sólo hubo 22 condenas en firme. Esa sí fue una impunidad monstruosa, y ese proceso sí fue hecho a espaldas del país.

Otra tesis de los defendores del No es que no es justo que las víctimas de la guerrilla tengan que ver a esos bandidos triunfantes y a salvo en el Congreso. Pero ese argumento es más bien a favor del Sí. Porque justamente esas personas, que vivieron en carne propia esos vejámenes, saben lo que hay que evitar, lo que nunca más se debe repetir. Y para impedir que otros más tengan que sufrir esa barbarie, deberían apoyar el plebiscito. Porque si gana el No, la guerra seguirá y muchos más sufrirán horrores. Aprovechemos que ahora, después de 52 años de guerra, podemos escoger entre continuar o terminar el conflicto armado más largo del continente. Votar por el No sería nada menos que una puñalada a la patria y al futuro, y un mensaje a todas las víctimas de la violencia: su sacrificio no sirvió para nada.

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