En el mundo nunca faltan motivos de alarma. Hay hambre, pobreza, injusticia social, terrorismo y crisis económicas. En España, la mitad de la juventud apta para trabajar está desempleada.
En EE.UU., cada día se suicidan 18 veteranos de sus guerras más recientes. Y en Colombia… en Colombia ni hablemos. Sin embargo, en medio de todo esto, ¿sobre qué se pronuncia el Vaticano? ¿Qué alarma a los altos jerarcas de la Iglesia católica? Sus monjas descarriadas.
Bueno, descarriadas según los venerables jefes de la Iglesia. ¿Cuál es la causa de la santa ira? Por un lado, Margaret Farley, de 77 años, monja y profesora emérita de la cátedra de Divinidad en Yale, publicó un libro en 2006 sobre el amor y el sexo. Ahí, la autora defiende la masturbación y acepta el divorcio, las segundas nupcias y el homosexualismo. Critica el maltrato de niños, define la violación como un crimen injustificable, y la sexualidad como una actividad válida no sólo para procrear sino para fortalecer el amor y el vínculo de la pareja. Tras seis años de debates, el Vaticano denunció el libro y el papa aprobó su censura.
De otro lado, la célebre Leadership Conference of Women Religious, la cual representa el 80% de las monjas en EE.UU., fundada por el Vaticano en 1956, también incurrió en una conducta inaceptable. ¿Cuál fue su pecado, según la Iglesia? Las monjas gastan demasiado tiempo combatiendo la pobreza y la injusticia social, protestó la Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano del Vaticano que cuida la doctrina católica, y no han denunciado el aborto o el matrimonio homosexual. Éstas son ideas radicales y feministas, añadió el Vaticano, y por lo tanto inadmisibles para la Iglesia católica.
Si cuestionar significa desafiar, opina Pat Farrell, cabeza de LCWR, entonces va a ser muy difícil resolver este problema.
Entre tanto, el papa estuvo en Irlanda durante el Congreso Eucarístico, y ante 75 mil personas reunidas en el estadio más grande del país, se refirió a los casos infames de abuso sexual, pedofilia y tortura que, a la fecha, ascienden a miles de víctimas en el mundo. ¿Su explicación para este atropello colosal que duró décadas? “Es un misterio”, dijo Benedicto XVI, lo cual causó aún más dolor entre las víctimas. De inmediato, una vocera de SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests) puso las cosas en su sitio: “Aquí no hay ningún misterio”, replicó. “Eran curas criminales, amparados por una institución que, en vez de denunciarlos ante las autoridades, a menudo los transfería de parroquia en donde volvían a cometer horrores contra niños y niñas indefensos; las mismas criaturas que, en teoría, tenían que proteger”.
En suma, el Vaticano no parece sintonizado con el mundo moderno. Como siempre, actúa con dureza con los débiles, y con debilidad ante los poderosos. Con tanto criminal que hay, ¿por qué la Iglesia fustiga a su gente buena e inofensiva? ¿Por qué es ambigua al hablar de sus curas pedófilos, pero clara al denunciar a sus monjas que luchan por la justicia social? ¿Cuándo veremos, de parte del Vaticano, una condena igual de feroz a la de la hermana Farley contra las mafias del mundo, empezando con la italiana, la colombiana y la mexicana? Cada día la Iglesia pierde fieles en masa. Con casos como los anteriores, queda claro por qué.