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¿Una inocencia poco importante?

04 de octubre de 2018 - 04:30 p. m.

En la noche del 17 de agosto de 1980, un perro salvaje de Australia, un dingo, se infiltró en una tienda de campaña en Uluru, en el territorio del norte del país, y se escapó con una bebé de dos meses en las fauces, Azaria Chamberlain, y la mató para comérsela. Además del dolor de perder a su hija de esa forma tan horrenda, después los padres tuvieron que soportar una segunda infamia: fueron acusados de ser los asesinos de la criatura. Durante décadas se defendieron en las cortes, y la madre llegó a ser condenada por homicidio y estuvo tres años en la cárcel. Finalmente, muchos años después y debido a un hecho casual, al hallazgo de una prenda infantil ensangrentada cerca del campamento donde ocurrió la tragedia, una zona llena de dingos, la madre fue absuelta del crimen. Y mientras se dirgían al tribunal para reiniciar el juicio, un periodista le preguntó al padre por qué insistían tanto en probar su inocencia, al cabo de décadas de lidiar con la justicia australiana. Entonces el hombre replicó: “Porque no hay nada más importante que la inocencia para alguien que es inocente”.

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Es cierto. Y eso es, quizá, el hecho más inquietante y diciente en torno a la audiencia de Brett Kavanaugh para ocupar una silla de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

Porque mientras que su acusadora, la doctora Christine Blasey Ford, pidió repetidas veces durante su testimonio en el Senado que el FBI iniciara una investigación para aclarar lo sucedido, dice mucho que Kavanaugh no lo haya hecho. Y cuando un congresista le preguntó por qué no deseaba que el FBI investigara los hechos ocurridos hace 36 años, el juez federal respondió con evasivas. Y es más diciente si se recuerda que si la investigación que la doctora Ford solicitó demuestra que ella mintió en la audiencia, podría terminar en la cárcel por mentir bajo juramento. En otras palabras, que una mujer presente una denuncia de esta gravedad, sin tener nada qué ganar y teniendo todo qué perder, y sabiendo que incluso puede terminar presa si ha dicho algo falso, sólo refuerza la credibilidad de su testimonio.

Lo cierto es que la reticencia de Kavanaugh es muy significativa. Porque tal como afirmó el padre de Azaria Chamberlain, lo más importante para alguien que es inocente de un crimen es que se demuestre y compruebe su inocencia. Por eso lo lógico sería que Kavanaugh no sólo pidiera una investigación del FBI para aclarar lo sucedido de una vez por todas, sino que fuera mucho más allá para que no quedara la menor sombra de duda sobre su buen nombre; para proteger su reputación y su honra frente al país, frente a su familia, frente a sus colegas y frente a sí mismo. Todo eso es mucho más importante que cualquier puesto o cargo, incluso el de magistrado del más alto tribunal de Estados Unidos. Por eso lo obvio sería que él pidiera la investigación del FBI, que a la vez pidiera otra de parte de una agencia independiente y que además exigiera que la investigación se hiciera sin límite de tiempo o de testigos (sólo una semana, como lo ordenó la Casa Blanca, es ridículo). Es decir, que se haga lo que sea para que se demuestre, sin que quede la menor duda, que las denuncias no son ciertas.

Que Kavanaugh no pida nada de eso es el hecho más diciente de todos. Y sólo aumenta las sospechas en su contra.

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