El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Ahora, taxis vs. Uber

11 de mayo de 2014 - 09:30 p. m.

La semana pasada se informó que China piensa construir una línea de tren de alta velocidad que uniría a Pekín con Washington pasando por Rusia y Canadá.

PUBLICIDAD

La línea propuesta —con una extensión de 13.000 kilómetros— requiere un túnel submarino de 200 kilómetros (cuatro veces el túnel del canal de la Mancha) entre Alaska y Rusia para atravesar el océano Pacífico en el estrecho de Bering.

Aunque ese proyecto parezca un delirio, lo veo más probable a que el transporte en Bogotá algún día sea humano. Ante el colapso de Transmilenio, el transporte masivo es un caos y el taxi es una opción bastante precaria.

En ninguna ciudad del mundo civilizado se permitiría utilizar como vehículos de transporte público esos que prestan el servicio de taxi en Bogotá: diminutos y sin la más mínima protección para la integridad física de sus ocupantes. Sus conductores —muchos de ellos explotados a destajo— deben cumplir jornadas infernales para ganar el mínimo vital.

Impunemente, los taxis prestan el servicio a la hora que quieran y a donde les venga en gana. En cuanto a la seguridad, ya nadie sensato toma un taxi en la calle sin encomendarse a su ángel de la guarda.

Por todas esas razones, los usuarios de Uber —y de cualquier otro servicio individual de transporte—, siempre disponible, seguro y confortable, nos sentimos ultrajados ante el bloqueo que pretenden algunos empresarios de taxis.

Como lo advertimos hace más de dos meses, la pelea se veía venir. No se puede permitir que la autoridad de Bogotá ceda ante las vías de hecho. En más de 100 ciudades del mundo Uber convive con el taxi, pues es apenas una competencia marginal. ¿Por qué permitir que el servicio se nivele por lo bajo?

Los taxis en Bogotá dependen del uso de frecuencias radioeléctricas que fueron asignadas hace muchos años de manera desordenada y a fuerza de favoritismo. La pronta masificación del internet móvil, gracias a la implementación de las redes de 4G, debe llevar a que en poco tiempo ya no se requieran esas frecuencias o que al menos se reordenen racionalmente y dejen de estar en poder de unos pocos que las explotan a su antojo.

 

Juan Carlos Gómez *

Conoce más
Ver todas las noticias