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Amarrando un fantasma

05 de diciembre de 2010 - 09:00 p. m.

Después de muchos meses la Corte Constitucional por fin publicó la sentencia que resolvió la demanda contra algunos apartes de la ley de las TIC. En general, la ley sale bien librada, pero quedan algunas nubes negras en el horizonte.

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Permanece en el limbo la disputa de las competencias entre la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) y la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) respecto a la regulación de las redes, a través de las cuales se difunden contenidos audiovisuales.

La declaratoria de exequibilidad condicional del artículo 22.4 deja más oscuros que claros. A ese respecto en la mencionada sentencia se dispone que, cuando “una misma red sirva para la prestación de varios servicios de telecomunicaciones, la competencia de cada una de las entidades reguladoras se referirá sólo al servicio y a la tecnología que legalmente se le haya asignado”.

Pasó por alto la Corte que las entidades reguladoras no asignan tecnologías y que la distinción entre servicios es cada vez más difusa. Precisamente, ese es el problema; prácticamente todas las redes de telecomunicaciones pueden difundir televisión.

La misma sentencia le quita al Ministerio de las TIC la posibilidad de otorgar directamente el uso de frecuencias (el espectro, ese fantasma), aun en casos en los cuales no exista el menor riesgo de que se constituya un privilegio indebido a un operador, como cuando se necesita simplemente conectar vía radio dos sedes de una empresa. Eso genera un injustificado y costoso desgaste administrativo. Otra vez la Corte se apoya en argumentos como la escasez de las frecuencias y el derecho que tenemos todos a su acceso igualitario.

En cuanto lo primero, valga recordar que tal escasez es un mito. En cuanto a lo segundo, los usuarios resignarían felices su derecho al espejismo del acceso igualitario a cambio de algo real y concreto como mejores y más baratos servicios de telecomunicaciones.

Mientras las autoridades del sector y los jueces hacen todos los esfuerzos por amarrar al espectro en aras de la competencia y la igualdad, la verdad es que hoy en día el bienestar depende más de la efectiva posibilidad que tenga todo individuo para apropiarse del conocimiento a través de la tecnología.

 

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