Esta semana la FCC de los Estados Unidos aprobó una orden que prohíbe a los proveedores de internet discriminar, bloquear o hacer más lentos los contenidos que cursan por dicha red.
Se adopta así el principio de neutralidad de red, a pesar de la oposición del Partido Republicano y de la poderosa maquinaria de lobby de los operadores.
Desde hace cinco años se discutían los parámetros bajo los cuales los usuarios de internet podrían ejercer las llamadas Cuatro Libertades: escogencia libre de software y hardware; acceso a los contenidos que se deseen; elección del terminal de su preferencia e información suficiente acerca del plan que los vincula con el operador.
La decisión de la FCC no dejó contento a ninguno de los dos bandos. Para unos es una inadmisible intervención del Estado; para otros la orden constituye una “captura del regulador” por parte de los operadores, lo cual limitará enormemente la innovación en internet.
El debate enfrenta a grandes corporaciones —AT&T, Comcast y Verizon— con los proveedores de contenidos y aplicaciones —Google, Facebook y Twitter—. Los primeros alegan que los segundos se volvieron multimillonarios a costa de su esfuerzo de desplegar y mejorar constantemente las redes. Ojalá lo usuarios no acaben atrapados en el medio.
Es paradójico; en China, el país con mayor número de usuarios de internet, ni siquiera se plantea el asunto de la neutralidad de la red. Para las autoridades chinas lo fundamental es impedir el acceso a contenidos y aplicaciones que puedan “contaminar”. Ese parece ser el norte que siguió ahora Venezuela, en donde se extendieron a las redes sociales las mismas prohibiciones impuestas a los medios masivos; así, cualquier crítica a la revolución bolivariana puede ser vista como una incitación al incumplimiento del ordenamiento jurídico, zozobra a la ciudadanía o alteración del orden público. Y lo más grave: a los proveedores de los servicios de internet se les puede hacer responsables de los mensajes que cursen sus usuarios, lo que pone en riesgo sus licencias.
En Colombia aún no existe un desarrollo explícito del principio de neutralidad de red. Ya va siendo hora; hay demasiada evidencia de que, por cuenta de los operadores, los usuarios ven limitado el acceso a muchos contenidos o tienen que soportar una velocidad de bajada francamente infame.