Por estos días el alcalde Peñalosa está invitando a los ciudadanos a hacer un aporte voluntario del 10% de los impuestos distritales para destinarlo a proyectos prioritarios, como el fortalecimiento de la seguridad ciudadana. Lamentablemente, no creo que esta vez la respuesta sea muy positiva.
La ciudad está devastada y carente de civismo después de la catástrofe de Petro; la inflación y el desempleo van en aumento y seguramente vendrán fuertes incrementos en los impuestos nacionales.
Hasta la última alcaldía de Mockus era usual que muchos contribuyentes en Bogotá pagáramos voluntariamente un porcentaje adicional de los impuestos distritales (vehículos, predial, industria y comercio). Era tal el fervor que despertaba la cultura ciudadana y un proyecto de ciudad viable. Doce años después el único incentivo para pagar impuestos en Bogotá es evitar los astronómicos intereses de mora y el temor a embargos y remates. A quienes pagamos impuestos en esta capital, la ciudad ya no nos retribuye casi nada en bienestar.
El caso de la contribución de valorización es escandaloso, como lo evidencia el deprimido —el deprimente— de la 94, que tiene colapsado el tráfico en el norte de Bogotá, sin remedio, por lo menos un año más.
El mes de abril, que en otras latitudes se celebra alegremente con el esplendor de la primavera, en Bogotá es motivo de rabia y desespero: se vence el plazo del pago del impuesto predial con descuento. Lo padecen sobre todo los propietarios más humildes —ancianos, viudas y desempleados—, cuyo único bien en este mundo es un modesto inmueble de habitación. Este año, como en el pasado, los bogotanos soportarán sensibles incrementos en el monto de este impuesto que no consulta la productividad ni la capacidad de pago. ¿Sí se habrán resuelto tantos casos aberrantes que se denunciaron el año pasado?
Después de la paz, ojalá llegue la justicia tributaria. No hay derecho a que el poder impositivo del Estado en Colombia se siga aprovechando infamemente de las rentas de trabajo y se ensañe con los pequeños propietarios. En todo caso, tratemos de darle una mano al alcalde mayor, así sea con el 5%. Hay que rescatar lo que aún queda de ciudad.