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¿Cómo salvar a internet?

24 de agosto de 2014 - 07:35 p. m.

En muy pocos años todas las actividades humanas dependerán críticamente de internet, de manera tan vital como del aire o el agua.

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Por esa razón es tan preocupante que, mientras los países en desarrollo celebran el paulatino crecimiento en la penetración de internet, en el primer mundo se toman decisiones trascendentales para el futuro de la red, respecto de las cuales estamos bien ajenos y distantes.

La quimera de mantener a internet libre y abierta para sus tres mil millones de usuarios, en favor de la libertad, la cultura y el desarrollo económico y social, está en riesgo. En la edición del mes de septiembre de la revista Wired, seis expertos responden desde distintas ópticas a la pregunta “¿cómo salvar a internet?”.

Las amenazas son múltiples, como que internet es hoy en día el escenario de una guerra no declarada entre las potencias mundiales y también una plaza inmensa donde los mercaderes del crimen hacen su agosto.

Las revelaciones de Edward Snowden acerca del espionaje internacional a las comunicaciones de millones de individuos, por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), significaron un golpe fatal para la confiabilidad de internet y les dieron una buena disculpa a países como Irán y China para restringir aún más el libre acceso a la red.

Tal como lo advierte Vinton Cerf, uno de los padres de internet, es indispensable rediseñar la red para preservar su razón de ser: la libertad de acceso global y el intercambio de información sin tener que pedirles permiso a los estados o a los proveedores de internet.

En Estados Unidos, los proveedores de contenidos como Netflix ven con creciente temor el inmenso poder que ejercen los dueños de las redes de internet (AT&T, Verizon y Comcast), sin que por lo pronto las autoridades hagan mucho al respecto.

En Colombia existen muy serios problemas en la provisión de internet a los usuarios finales, tales como empaquetamiento forzado, deplorable relación precio/calidad y abuso de la posición dominante.

Esperemos que esos problemas en nuestro país no se resuelvan cuando ya para qué —con una pérdida incalculable para el bienestar—, como sucedió con el monopolio del servicio de telefonía de larga distancia, tan caro y malo, que padecimos durante décadas.

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