El Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó, la semana pasada, una línea de crédito para Colombia por US$10.800 millones. En el comunicado de prensa al respecto, esa entidad elogió el manejo económico de nuestro país; “su muy sólido marco institucional y buena trayectoria de desempeño económico e implementación de políticas”. Este reconocimiento no es al presente Gobierno en particular, sino a una consistente política estatal de muchas décadas.
No faltarán voces populistas y despistadas para denostar del acuerdo con el FMI, pero no hay otra salida frente el desastre económico mundial y el serio deterioro de la balanza de pagos. Lo realmente preocupante es que esos recursos de crédito y otras fuentes extraordinarias de financiación se diluyan en la maquinaria de intereses particulares que capturan en grande al Estado colombiano. No nos puede distraer la persecución a los alcaldillos que se roban la plata de los mercados.
Dentro de la legislación extraordinaria que se expida cuando el Gobierno declare otra vez el estado de excepción, es indispensable dotar a los organismos de control de herramientas inmediatas para evitar que el erario se dilapide debido a la pandemia.
La impunidad ante el peculado y la debilidad del Estado colombiano para enfrentar la corrupción está en la génesis de nuestra nacionalidad.
Cuenta doña Pilar Moreno de Ángel en su devota biografía del general Santander que el puntillazo final a la relación entre él y Bolívar fue un comentario del Libertador —a manera de calambur— una noche de cartas que ambos compartían con otras dos personas en Hatogrande, el 25 de noviembre de 1826. Bolívar les iba ganando a sus contertulios una considerable cantidad de dinero. Emocionado con su suerte en el juego, el Libertador exclamó: “Si así continúo, pronto seré el dueño del empréstito”.
El chiste no le gustó nada al Hombre de las Leyes. El vicepresidente Santander había sido acusado por sus enemigos de sacar tajada de un préstamo de $20 millones obtenido en Inglaterra por la naciente república en 1824. Casi dos siglos después, aún no se sabe quién se aprovechó indebidamente de esa y otras deudas que desde entonces hipotecaron nuestra independencia.
@jcgomez_j