Los Estados subdesarrollados, como una forma de sobrevivir, suelen tomar una forma de ser «comunitaria». Así, crean unas normas paralelas que les permiten a ciertos individuos y organizaciones apartarse de las reglas que deben cumplir todos los demás.
Fue el caso de las cooperativas de trabajo que se utilizaron para evadir las leyes laborales y que en buena hora fueron prohibidas.
Al respecto el ejemplo de la televisión comunitaria es paradigmático. Esta modalidad de servicio no puede tener ánimo de lucro. Los miembros de la comunidad eligen a los directivos del operador. A través de la televisión comunitaria no se puede realizar ningún tipo de proselitismo político o religioso. El propósito fundamental de la programación debe ser estrechar los lazos de vecindad y afianzar la identidad cultural de la comunidad. Las redes deben ser de propiedad de la comunidad organizada. No pueden emitir sino hasta siete señales codificadas. No se puede cobrar una tarifa de suscripción como tal, sino un aporte que sólo puede ser destinado para el mejoramiento del servicio.
La verdad es que en la práctica la televisión comunitaria es un sustituto de la televisión por suscripción y en muchas ocasiones resulta ser simplemente un jugoso negocio que enriquece a unos empresarios avivatos que, bajo el ropaje “comunitario”, evaden el cumplimiento de las obligaciones a las que están sometidos los operadores de televisión por suscripción.
El poder de quienes controlan el negocio —que no debería serlo— de la televisión comunitaria es inmenso y ha sido decisivo en la tolerancia histórica que han tenido las autoridades frente a las formas clandestinas de prestación del servicio de televisión por suscripción. La Comisión Nacional de Televisión, antes de que desaparezca, tiene el deber de utilizar la evidencia a su alcance para cancelar la licencia de quienes están incumpliendo sus obligaciones. La entidad tiene que dejar clara la historia de los casi 800 operadores de televisión comunitaria que actualmente se encuentran inscritos.
Ahora que se avecina la conformación del ente que regulará la televisión, los organismos de control y la opinión pública tienen que estar muy pendientes de que en la nueva junta no se deslicen nuevos maromeros a hacerle indebidos favores a la televisión “comunitaria”.
Juan Carlos Gómez .