Durante décadas, los presidentes de la República utilizaron a sus anchas la televisión para dirigirse al país, en cualquier momento y sin ninguna limitación.
Afortunadamente, la Corte Constitucional, en 2001, condicionó bastante esa facultad para evitar el abuso. En todo caso, por fuerza de la dinámica de internet y los nuevos medios, ya no es tan habitual la irrupción forzada del presidente en televisión, generalmente fastidiosa.
La alocución del presidente por televisión no es, precisamente, un programa que le interese a la audiencia. Muy pocas de esas alocuciones han sido históricas, como cuando Carlos Lleras, en 1970, decretó en vivo y en directo por televisión el toque de queda ante la inminencia de una rebelión, la noche siguiente a las elecciones que perdió el general Rojas.
Histórica también la alocución presidencial del pasado 2 de octubre, después del plebiscito. El país y buena parte del mundo estaban en vilo esperando la reacción de Santos frente a la derrota del Sí. El rating en televisión de ese discurso del presidente, rodeado de los protagonistas de las negociaciones, obviamente, marcó un récord de audiencia. La apresurada manera como los miembros del equipo presidencial se pusieron presentables para aparecer en televisión demuestra que nadie estaba preparado para posar con tono adusto, como tocaba después de la debacle. Ese día, inusitadamente, la historia de Colombia cambió su curso, después de tantos años de inercia.
Desde entonces, el presidente Santos se ha dirigido al país por televisión por lo menos seis veces más y los niveles de audiencia han sido aceptables. La televisión en directo sigue siendo indispensable para el poder presidencial. Al fin y al cabo no se puede informar y orientar a la opinión pública a punta de Twitter, como le gusta hacer a la mayoría de los gobernantes del mundo. Además, la televisión tiene la ventaja de que los enemigos no pueden aparecer inmediatamente vociferando, como en los trinos.
Cambiando de tema. Le tiene que ir bien a Fernando Carillo. El nuevo procurador tiene carácter y está preparado. Recibe un lastre inmenso y tendrá que escoger por dónde empezar. Ojalá le diera prioridad a velar por el ejercicio diligente y eficiente de las funciones administrativas. Al Estado colombiano también lo está hundiendo la ineptitud.
@jcgomez_j