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Hay que prohibir el “mail”

23 de octubre de 2016 - 10:34 p. m.

Por cuenta de la imprudente utilización del correo electrónico (mail) por parte de la campaña de Hillary Clinton, los hackers rusos y Wikileaks acabaron siendo protagonistas de la campaña para elegir al presidente del país más poderoso del planeta. Se filtraron miles de mails que evidenciarían conductas que podrían llegar a tener implicaciones penales. Es de tal magnitud el riesgo, que la Embajada de Ecuador en Londres le bloqueó el acceso a internet al fundador de Wikileaks, Julian Assange, asilado en esa sede diplomática desde hace años.

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Mucho antes de la existencia de las redes sociales y de aplicaciones como WhatsApp y Telegram, los usuarios de internet nos acostumbramos a usar el mail como herramienta para reemplazar no solo el correo físico tradicional, sino también las reuniones cara a cara en las que se solían tratar temas estrictamente confidenciales, bien fueran de la vida personal o de índole comercial. Ese hábito hoy en día es un peligro. Como lo advierte Farjaad Manjoo en reciente artículo en el New York Times, el correo electrónico ya no es confiable; un aprendiz de hacker lo puede acceder sin mayor esfuerzo.

Las empresas deberían prohibir el uso del correo electrónico para la mayoría de sus comunicaciones e imponer estrictas reglas para su utilización. Sin que usted se entere, el contenido de los mails puede ser archivado por terceros indeseables hasta la eternidad, o hasta que sea necesario utilizarlo en su contra. En Colombia, la Superintendencia de Industria y Comercio en los sonados casos de los carteles ha tenido como prueba de prácticas contra la competencia los mails que se cursaban alegremente los representantes de las sociedades investigadas sin reparar que estaban dejando huellas imborrables.

Para garantizar el sagrado derecho a no autoincriminarse, valga tener en cuenta la recomendación de Manjoo en su artículo: si usted tiene algo sensible que conversar de lo cual nadie más –aparte de su interlocutor– debe enterarse, entonces cítese con él en un lugar público en el que se pueda caminar y conversar sin ser espiado. No sobra cuidar que el interlocutor no tenga una grabadora escondida, como en la famosa escena de Wall Street.

@jcgomez_j

 

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