El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Hoy hace 20 años

07 de febrero de 2016 - 08:17 p. m.

El 8 de febrero de hace 20 años, en la majestuosa biblioteca del Congreso de EE. UU., el presidente Bill Clinton firmó la ley de telecomunicaciones con el mismo estilógrafo que utilizó Eisenhower en 1957 para suscribir la ley de las superautopistas interestatales.

PUBLICIDAD

No podía ser más propicia la alegoría; esas redes viales cambiaron radicalmente la vida de los estadounidenses —lo que de paso catapultó la industria del automóvil—; ahora serían las superredes de telecomunicaciones las que crearían una nueva cultura, darían bienestar a los ciudadanos y transformarían la economía.

A propósito de este aniversario, mucho se ha discutido en ese país acerca de los verdaderos beneficios de la ley de telecomunicaciones de 1996. Algunos piensan que a la larga se han frustrado los propósitos de la competencia y que en la provisión de las redes hay abuso de la posición dominante por parte de los grandes operadores, en perjuicio de los usuarios.

Sin embargo, hay algo en lo que casi todos coinciden; el gran acierto de esa ley fue no someter a internet a la regulación de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC). Gracias a ello el poder dejó de estar en manos de las paquidérmicas empresas de telefonía, la web se desarrolló libremente y surgieron Google, Facebook, Twitter, Netflix, Uber y tantos otros. De esta manera resultaron sustituidas muchas industrias, hasta entonces indispensables.

Ahora las autoridades del sector de telecomunicaciones a nivel mundial se enfrentan a la realidad de que se extingue —rápida y perceptiblemente— su razón de ser y su capacidad reguladora. El control del terrorismo y la lucha contra la evasión de impuestos no justifican que el Estado interfiera la circulación de las ideas y la posibilidad de crear una infinita cantidad de negocios sin su autorización.

En Colombia, algunos funcionarios del sector de telecomunicaciones se quedaron en el siglo pasado; sólo piensan, sin razón, en llenar de gravámenes a los operadores, y no que los que acaban pagando son los usuarios. Su interés —esperemos que sin mala fe— es que la industria sea una vaca lechera para llenar las arcas del Estado. ¿Por qué no se van o se jubilan pronto?

@jcgomez_j

Conoce más
Ver todas las noticias