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Kafka al teléfono

27 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

Es un irrespeto con Kafka que el adjetivo kafkiano, además de denotar su obra, también se utilice para calificar una situación absurda, como la que vamos a describir, que no tiene nada de literaria.

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La semana pasada la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) anunció un plan de choque frente al malestar de los usuarios de telefonía móvil celular. El mal ya se volvió un lugar común y es simple ruido escribir más sobre lo mismo. Lo novedoso ahora es la cruzada que se anuncia.

El correspondiente diagnóstico —disponible en la página de la SIC— es de veras iluminante. Según la entidad, desde 2010 se han adelantando “múltiples acciones encaminadas a no permitir la vulneración de los derechos de los consumidores de estos servicios”. Sin embargo, tantas acciones parecen no haber surtido efecto.

Según la SIC, Tigo presentó, en el primer trimestre de 2012 un incremento del 23,46% en las quejas por millón de usuarios y Comcel un incremento del 12,86%. La queja más frecuente de los clientes es la facturación indebida: en UNE el 80% de las quejas es por ese motivo; en Comcel, el 44,3%, y en Movistar y Tigo, el 29,2%.

Ante este estado de cosas, el superintendente expidió un proyecto de circular que consiste en someter a los operadores de telefonía móvil a un programa de vigilancia y seguimiento de instrucciones.

En ejecución de ese programa los operadores deberán presentar el próximo 16 de julio un “autodiagnóstico” y un plan de acción “orientado a resolver todas las falencias a que se refiere la presente circular”.

Ese plan de acción les impone a los operadores la obligación de producir una infinita e inútil cantidad de información que debe ser remitida a la SIC. Lo más novedoso del plan es la creación de la figura de un auditor externo, cuyas funciones consisten —en resumen— en reemplazar al superintendente, excepto en lo que corresponde a imponer sanciones y a aparecer en los medios de comunicación como el salvador de los derechos de los consumidores.

Con el perdón de Kafka, el proyecto de circular es kafkiano. El Estado no puede reconocer así no más el fracaso en el cumplimiento de sus fines.

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