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La justicia de la papaya

14 de diciembre de 2014 - 09:00 p. m.

En Colombia es tal la falta de legitimidad del sistema judicial que acudir a la justicia ordinaria no se concibe como un mecanismo civilizado para resolver las diferencias sino que se convirtió en un instrumento para amenazar.

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“Vaya demande al Consejo de Estado sino le gusta”, es una de las frases preferidas de muchos funcionarios para imponerle a los particulares sus decisiones arbitrarias. “Nos vemos en la décima”, le grita el deudor incumplido a su contraparte, para amilanarlo y recordarle que tendrá que llegar entre atracadores y huecos a los juzgados del circuito en Bogotá, si es que quiere reclamar por las buenas el derecho que le corresponde.

Muchas veces, el que se enfrenta al sistema judicial es porque dio papaya, como se dice en el argot popular. Se dejó acorralar o quedó atrapado en el capricho de un funcionario. No tuvo más opción que someterse a un tortuoso proceso judicial.

Lo grave del actual paro judicial es que ya no se nota y no le importa a casi nadie. Así sucede porque nuestro sistema judicial es tan lento y tan poco confiable, que ya dos meses sin despachos no hacen la diferencia.

La discusión no es por asuntos de independencia o ideología, lo que al menos le daría alguna altura al conflicto. Es por la injusticia salarial que alega el estamento judicial de menor jerarquía, lo cual lo hace más grave, porque evidencia que la gran mayoría de procesos está bajo el conocimiento de jueces que alegan tener salarios que no corresponden a su dignidad y responsabilidad.

Más allá del actual paro, frente a la calamitosa realidad de la justicia no se ve salida. Para resolverlo se necesitarían al menos dos décadas de trabajo serio para ganar legitimidad social y darle paso a una nueva generación de jueces y magistrados, que le den a la justicia la majestad que le corresponde.

Pero, por lo pronto, no hay con quien empezar la tarea: La clase política no se da por enterada —como si todo estuviera sucediendo en Azerbaiyán—, y el gobierno tiene otras prioridades como la paz, que nunca llegará sin un sistema judicial serio. 

@jcgomez_j

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