Ojalá existiera un manual de urbanidad y buenas maneras en Whatsapp, equivalente al que escribió para la vida cotidiana el señor Carreño en 1853. La idea no es extraña en el mundo digital; hace poco leí un compendio de reglas de etiqueta en Silicon Valley reseñadas por el periodista Romain Serman. Por ejemplo: los mails se deben contestar el mismo día, no tener más de cinco líneas y su lectura debe ser posible en treinta segundos.
Estar conectado a Whatsapp es una renuncia —tal vez inevitable— a la privacidad y al respeto al tiempo propio. Los contactos saben si estamos o no conectados, lo cual crea muchas fricciones, como en el caso de los mensajes que nunca se responden, a pesar de que fueron leídos.
Las malas prácticas en el uso de Whatsapp son aún peores desde que se inventaron esos grupos en los que sin querer acabamos enganchados a regañadientes. Hay grupos de familia, de compañeros de universidad o de colegio, de padres de los niños del kínder, grupos del paseo que va a ser o del que pasó, grupos para casi todo. Esos grupos al comienzo parecen gratos, pero con el tiempo tienden a ser una pesadilla. Tarde o temprano los más desocupados —que también suelen ser los más recalcitrantes— acaban contaminando el grupo con chistes repetidos o con comentarios y reflexiones que mejor se hubieran guardado para ellos solos.
Gracias a Whatsapp debemos soportar muchas veces al día la impertinencia de algunos de nuestros forzados interlocutores. No intervenir nunca en el foro y el modo silencio son apenas soluciones a medias. Infortunadamente, no es posible irse del grupo de manera lenta e imperceptible, como el aluvión. Todos se dan cuenta, y entonces salirse del grupo puede ser entendido como una ofensa.
En la campaña sucia a favor del No en el plebiscito sobre el acuerdo de paz, también Whatsapp terminó siendo utilizada para mentir y desinformar, lo que provocó enfrentamientos aún irreconciliables.
Los grupos de Whatsapp deberían definir desde el mismo día de su creación unas reglas mínimas, por si acaso no bastaran el sentido común, el simple criterio y las buenas maneras.
@jcgomez_j