El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Los próximos Silicon Valley

09 de marzo de 2014 - 09:04 p. m.

Así como hace 500 años se buscaba El Dorado, muchas ciudades alrededor del mundo aspiran a convertirse en el próximo Silicon Valley.

PUBLICIDAD

Sin embargo, difícilmente puede repetirse en cualquier otro lugar el fenómeno cultural, social y económico que se gestó en esa área al sur de la bahía de San Francisco, afortunadamente cerca de la zona vinícola californiana y en la que conviven gigantes como Twitter, Facebook, Hewlett-Packard, Google, Apple e Intel.

En Silicon Valley confluyen desde hace muchas décadas universidades de primer nivel, centros de investigación, apoyo estatal, capital de riesgo, incubadoras de empresas y jóvenes creativos decididos a ser emprendedores (emulando a Zuckerberg) y no empleados. En sus orígenes recibió migración de diversos puntos de Estados Unidos y hoy en día, de casi todos los lugares del mundo.

Como lo comenta el empresario y académico Vivek Wadhwa, Silicon Valley es excepcional gracias a su manera de ser: una cultura de tomar riesgos, compartir información, apertura a nuevas ideas, cercanía personal y diversidad (casi el 65% de los innovadores nacieron en el extranjero).

El modelo de Silicon Valley tiene su sello de nacimiento y no es replicable. Sin embargo, han surgido clústeres de innovación en donde se concentran geográficamente recursos, entidades y empresas y se genera riqueza y empleo de calidad: Israel, Boston, Londres, París-Saclay, Skolkovo (Rusia), Waterloo (Ontario), Bangalore (India) y Pekín.

Cada caso de éxito difiere en su método y en cuestiones fundamentales, como el grado de dirigismo estatal que es deseable. En lo que sí existe consenso es en la necesidad de crear una comunidad de compañías startups, esas de incipiente comienzo pero con vocación de ser grandes.

Colombia está aún muy lejos de establecer un clúster de innovación. Son varios los factores en contra: el conflicto interno, que obliga a malgastar buena parte del presupuesto nacional; la bajísima calidad de la mayoría de los programas universitarios relacionados con tecnología; la ausencia de empresarios que estén dispuestos a arriesgar capital, y la falta de coordinación entre los esfuerzos estatales, la formación profesional y las necesidades de la industria. Pero sobre todo se requiere un espacio físico amable en donde confluyan la excelencia académica, la creatividad y el capital.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias