Hace un año, cuando se lanzó el iPad, el mundo de la tecnología entró en la era de las tabletas.
Al principio parecían el híbrido entre un teléfono inteligente y un computador portátil; hoy ya tienen una entidad propia y muchos las ven como la fórmula de salvación de los operadores, gracias a la cantidad de tráfico que están generando en internet. Aunque el iPad es por lo pronto la más conocida, ya existen cerca de ochenta marcas diferentes de tabletas, dentro de las que se destacan especialmente las de Samsung y LG.
En el congreso mundial de móviles, que se celebró en Barcelona la semana pasada, el fabricante chino Hawei anunció que, posiblemente a mediados de este año, ofrecerá su modelo de tableta a un precio alrededor de US$300 —menos de la mitad del valor promedio de las tabletas existentes en el mercado—, lo cual es una excelente noticia para la masificación de estos terminales.
Hace cerca de 15 años el Estado colombiano se montó en el programa “computadores para educar”, a cargo del Ministerio de las TIC. Ese programa recicla aparatos en desuso, muchas veces donados por “almas caritativas” para desencartarse de tanto tiesto. Se calcula que a precios de hoy el costo de la reparación y actualización de cada computador alcanza la suma de US$500; jugoso negocio para el reciclador, pero, tal vez no muy bueno para los limitados recursos del presupuesto público.
Frente a las ventajas comparativas de costo y versatilidad de las tabletas, debe evaluarse si no será más conveniente dedicar a las tabletas los recursos que el Estado invierte en ese programa.
De paso, la masificación de las tabletas tendría la ventaja de que estimularía la producción de aplicativos, lo cual sería congruente con la política de generar empleo y convertir a Colombia en una potencia en el diseño de software. En el caso de la educación sería una oportunidad de oro para que los pequeños desde sus primeros años escolares pudieran vivir su “ser digital”. Es la revolución que tantos esperamos: “digitalizar” a los maestros y darles a los menores la oportunidad de formar sus mentes con herramientas que, como las tabletas, estimulen su autonomía y creatividad.