Sin duda es una buena noticia el reconocimiento internacional que recibió Colombia recientemente por los éxitos en la masificación de la internet.
Sin embargo, en muchos aspectos estamos lejos de llegar a traducir esos logros en beneficios concretos para los ciudadanos.
La obtención del documento de identificación tributaria RUT puede tomar hasta tres horas, lo cual es inaudito si se tiene en cuenta que es un requisito que los contribuyentes deben cumplir para entregarle su dinero al Estado. No existe ninguna razón para que el RUT no pueda expedirse en línea gratuitamente, como por fortuna ya sucede con el certificado judicial o el de antecedentes disciplinarios.
En materia de expedición de pasaportes hay un claro retroceso. Hace unos años todo el trámite —incluida la entrega de la libreta del triste color café—, tomaba máximo 30 minutos. Hoy en día los tiempos se han multiplicado de manera despiadada. No lo justifica el hecho de que con el chip sea más dispendiosa la elaboración del pasaporte, si se considera que la espera para la toma de datos puede tardar varias horas.
La mayoría de las oficinas públicas no tienen la menor consideración por el tiempo de los ciudadanos ni por el suplicio que significa desplazarse por nuestra desbaratada ciudad para llegar al último lugar de las infames colas.
En contraste, hay que destacar la agilidad que el consulado de Estados Unidos le está imprimiendo al proceso de visado, entre otras razones por la manera inteligente como se agiliza la solicitud respectiva a través de internet. No tiene ninguna presentación que el trámite consular ante un Estado extranjero sea más racional y respetuoso que el que se surte en la oficina de pasaportes en Colombia.
Mención especial merece el trámite de la obtención de copias de documentos que reposan en los despachos públicos. Desde el siglo XIX (Ley 149 de 1888) está consagrado el correspondiente derecho a favor de los ciudadanos. Sin embargo, más de un siglo después todavía tenemos que esperar la mitad de un mes para recibir las copias. Como si no existieran el pdf y el correo electrónico para reducir, a máximo 2 días, los términos de respuesta efectiva.
Parece ser la era de la tecnología sin información.
Juan Carlos Gómez.