El próximo jueves comienza uno de los capítulos más interesantes de la historia del marketing deportivo.
Ese día reaparecerá Tiger Woods en el emblemático campo de Augusta (Georgia) con el reto de recuperar una marca que, literalmente, se estrelló contra un hidrante en noviembre pasado, cuando estalló el escándalo de su infidelidad matrimonial. La prensa —la sensacionalista y la más seria— ha seguido paso a paso el calvario que desde entonces vive el ícono de la fortaleza mental y la disciplina deportiva, convertido tristemente en una especie de Paris Hilton del golf, lo que le costó que muchos de sus patrocinadores dieran por terminados sus contratos.
El accidente sacó a la luz que, aparte del golf, la vida de Tiger era una elaboradísima creación comercial para convertir su figura en un modelo capaz de generar millones de dólares. Desde cuando empezó a jugar como profesional e ingresó al circuito de la asociación de golfistas de Estados Unidos (PGA), Nike le pagó US$40 millones, una cifra jamás alcanzada por un deportista a esa edad.
Las apuestas por el triunfador en el Masters de Augusta están a favor de Tiger 4-1, lo cual hace aún más emocionante su reaparición. Con 35 años de edad y 14 años como profesional, Woods cambió la historia del golf en una época que coincidió con la burbuja económica, lo que le permitió convertirse en el primer deportista de la historia en ganar más de US$1.000 millones.
La audiencia del golf en televisión se dobló desde que Tiger se convirtió en una estrella, lo cual, obviamente, llevó a cifras astronómicas los derechos de trasmisión y el valor de los anuncios comerciales; la bolsa de premios de la PGA se multiplicó en un 400%, boom económico del que se ha beneficiado también Camilo Villegas con su magnífico desempeño en los últimos tres años.
Cuando Tiger se pare esta semana en el tee del hoyo 1 en Augusta, en muchas partes del mundo lo estarán viendo por televisión por lo menos 500 millones de personas, una audiencia que recientemente sólo es comparable con la posesión del presidente Obama.