Ya cumplió 15 años la exacción “temporal”, que empezó en 2 por mil, pasó al 4 por mil, el año entrante será del 3 y solo terminará en 2018; si es que antes una ley aprobada a las volandas no decide mantenerla indefinidamente. La historia del gravamen a los movimientos financieros (GMF) -ya se sabe- es un ejemplo más de irrespeto a los contribuyentes y de chamboneo fiscal.
Inicialmente el recaudo del GMF fue destinado para solventar la crisis financiera; en 2010 se dispuso que, durante las vigencias fiscales 2012 y 2013, el 25% se dedicara al Fondo de Calamidades para atender los damnificados por la ola invernal del 2010 y 2011. Lo anterior quiere decir que el año entrante los recursos con tal fin desaparecerán, aunque todavía queden miles de damnificados, los mismos que serán las primeras víctimas del próximo fenómeno climático.
Este año, una ley aprobada hace pocos días por el Congreso de la República y que está pendiente de sanción presidencial, dispuso que durante 2014 y 2015, la tercera parte de lo recaudado por concepto del GMF se destine exclusivamente al Fondo Nacional Agropecuario y se utilice para apoyar a ese sector.
La nueva destinación del GMF no solo se justifica por la calamitosa situación que afronta el campo colombiano, sino porque, de no haberse propuesto en su momento, tal vez no habría cesado la protesta social más severa que ha enfrentado el presente gobierno. La exposición de motivos de esa ley –su historia fidedigna-, aunque oculta la fuerza que originó la iniciativa, en todo caso hace una descripción desoladora del agro; en su texto es evidente que en dos años la situación cambiará bien poco y que los recursos que se reciban por cuenta del GMF apenas serán un paliativo, hasta los próximos bloqueos de carreteras. Y seguramente ya habrá otro sector productivo que logre doblegar la ortodoxia de nuestras autoridades económicas.
Ojalá muchos de los beneficiarios de subsidios entendieran que lo que reciben no es por la generosidad de nuestros gobernante, sino por los impuestos que pagamos los que pagamos. Que dejen de ganar indulgencias con avemarías ajenos.