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Wikileaks, malas noticias

19 de diciembre de 2010 - 10:00 p. m.

La euforia que ha despertado Wikileaks en casi todos los sectores de la opinión mundial, no debe ocultar algunas malas noticias que genera ese fenómeno, más allá de las filtraciones.

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La libertad de información necesariamente tiene que coexistir con el legítimo derecho que tienen los Estados de mantener ciertos asuntos bajo reserva, que no es lo mismo que ampararse en ella para ocultar de manera criminal la comisión de delitos, como las “chuzadas” del Das o la muerte de periodistas en medio de operativos militares. Sin embargo, la mafia internacional y el terrorismo deben estar felices de que la actividad estatal se pueda observar, como en un acuario.

Le Monde, The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, El País, son medios prestigiosos que decidieron fungir ahora de receptores y filtros de información reservada que una mano –ya no invisible- puso en sus servidores. Esta nueva expresión del periodismo puede propinar un duro golpe a su independencia y credibilidad. Si el cuarto poder se convierte en un buzón, la audiencia quedará atrapada en el medio –por los medios-, esperando la próxima filtración que se decida publicar.

Amazon abruptamente dejó de alojar la página de Wikileaks.org, lo cual avería su confiabilidad como arrendatario de infraestructura informática. El bloqueo por parte de Pay Pal, Master Card y Visa a las donaciones de esa organización no es congruente con la libertad económica que pregona el capitalismo financiero. Seguramente Julian Assange acabará siendo encausado por la violación de la Espionage Act de 1917, o algo más serio que su donjuanismo, pero mientras tanto ninguna entidad puede atribuirse el derecho a convertirlo en un paria; lo que hicieron fue crear una especie de Juana de Arco de la era moderna.

La febril cruzada de algunos seguidores de Wikileaks que se han dedicado a atacar los servidores de los “enemigos” puede ser el presagio de una nociva militancia: millones de voluntarios que en su fanatismo organizarán alguna vez una modalidad informática de la nefasta “noche de los cristales rotos”.

En fin, sin la paranoia de creernos víctimas de una conspiración a escala mundial, no deja de preocupar la manera viral como la humanidad puede ser manipulada, por un loco…o por un cuerdo.

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