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YouTube, ese canal de las estrellas

21 de abril de 2019 - 09:00 p. m.

Hace un año, al frente de la sede de YouTube en San Bernardino (California), una vegana, desquiciada youtuber, disparó su arma y se suicidó, después de herir a tres de sus empleados. Al parecer, el fatal episodio habría sido un acto de protesta por la nueva política de esa plataforma digital de endurecer las reglas para subir contenidos. Sus estándares más estrictos pretendían acallar la protesta por los videos de pedofilia, bestialismo, racismo, xenofobia, extremismo político y demás plagas que se cuelan allí a cada instante.

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¿Cómo evitarlo? En YouTube con 1.500 millones de usuarios, cada minuto se suben alrededor de 500 horas de video. Imposible controlar tal carga exponencial. El sofisticado software, los algoritmos que se utilizan y las 10.000 personas que tratan de contener ese alud alrededor del mundo, no pueden hacer mucho más frente al caos que genera la humanidad online dotada de tan poderosa herramienta para mostrarlo todo y su ávido voyerismo. ¿Hay que seguir culpando a YouTube?

Hace tiempo que YouTube dejó de ser un canal de novedades domésticas o delirantes. Hoy en día ofrece contenidos propios y es un canal global de televisión en internet cuyos ingresos por publicidad podrían llegar en 2020 a los US$22.000 millones. Tal vez sea, junto con Disney, la única plataforma con capacidad y visión de negocios para competirle a Netflix.

La jefa de YouTube es Susan Wojcicki. Ella en 1998, casualmente, arrendó su garaje a unos recién graduados de Stanford: Larry Page y Sergey Brin. Esos jóvenes estaban empezando a cacharrear un buscador llamado Google, los genios que rompieron todos los paradigmas. Ahora el gran reto de Wojcicki es convencer a los grandes anunciantes de que, a pesar de todo, YouTube sigue siendo una plataforma confiable.

A propósito: frente a la promesa de que la ley de TIC que se tramita en el Congreso de la República nos dejará preparados para el futuro, hay que lamentar que se mantendría en el purgatorio buena parte de la legislación vigente. Corremos el riesgo de que, tal como sucedió después de la Ley 1341 de 2009, los dinosaurios recorran los pasillos del Murillo Toro. ¿Bienvenidos al pasado?

@jgomez_j

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