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La hora de la verdad

14 de marzo de 2009 - 10:00 p. m.

El Festival de Cannes es sin duda el máximo referente que tienen la industria y la creatividad publicitaria en el mundo.

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Los mejores trabajos creativos, miles de ellos, cruzan los cinco continentes para encontrarse y competir. Es una verdadera torre de babel de ideas que sin duda premia lo mejor, pero a la vez genera tendencias creativas, visuales y sonoras para el planeta. Es un festival que reconoce la creatividad en su máxima expresión, una fiesta a las ideas más novedosas del globo.

El jurado de Cannes se reúne durante varios días, analiza los trabajos y discute bajo un duro criterio quiénes deben ser los galardonados con la siempre anhelada y difícilmente lograda Palma de Oro. Pero paralelamente a todo este proceso, existe un ritual maravilloso, generado por los espectadores. Todos los trabajos que compiten son proyectados y expuestos al público en los teatros del gran Palacio de Cannes. En sus salas se reúnen miles de personas que asisten para presenciar lo más destacado de la publicidad mundial.

Y si el jurado de Cannes tiene fama de ser duro y difícil de doblegar, el publico de Cannes es aún más reconocido por contundente y severo. Cuando una pieza publicitaria se proyecta, el público tiene tres tipos de reacciones masivas y multitudinarias ante ella. Si la consideran como un trabajo promedio, ya visto, cliché o estándar, la chiflan a reventar, sin escrúpulos. Cuando la catalogan como buena o aceptable, optan por el silencio. Pero cuando la perciben como verdaderamente sobresaliente, con un carácter de innovación y de diferenciación, la pieza es aplaudida a rabiar, y créanme que llegar a ser ovacionado en Cannes es motivo de gran orgullo.

El chiflido, el silencio y el aplauso, tres instancias, tres criterios de juicio que han hecho famoso al público que asiste al Festival de Cannes. Pasar esta prueba es sin duda una ácida y dura experiencia, sin concesiones, sin politiquería, sólo por gusto, por calidad inmediata y reconocida. Es tal vez parte del precio que se debe pagar por llegar a la gloria.

Este año se celebra la edición número 56 del Festival de Cannes, y he tenido el orgullo de haber sido elegido como miembro del jurado. Allá estaré, por un lado deliberando internamente y por el otro escuchando al publico reaccionar. Espero que coincidamos. Francia lo dirá.

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