Ver deportes es uno de los placeres más grandes de la vida. Todos son maravillosos. Cada uno tiene su encanto, cada uno tiene su ciencia.
Poseen la capacidad de desconectar la vida de los problemas, cargar los momentos de ilusiones, pero sobre todo empapar el ambiente de entretenimiento individual y colectivo.
Pero la tecnología también ha incursionado en el deporte para darle nuevas emociones y lograr de manera contundente que la verdad del juego prime sobre la subjetividad y la precisión triunfe sobre la interpretación.
Nada más apasionante que ver un partido de tenis y observar cómo una bola puede ser para un juez un out y cómo un jugador la puede retar en cámara lenta para redefinirla con certeza absoluta y lograr incluso cambiar la decisión previamente tomada.
Esta modalidad se ha extendido por todos los deportes, blindándolos con transparencia ante el público en tiempo real.
Lo vemos ahora en basquetbol, en béisbol, en fútbol americano, donde la tecnología y las cámaras apoyan y clarifican las decisiones arbitrales.
Ningún público se molesta por esperar a ver una repetición que traerá consigo la decisión correcta y honesta. Ese tiempo ya se ha hecho parte del juego, de su ritmo y de su expectativa. Cuántas decisiones hemos visto cambiar en estos deportes de la mano de la tecnología que trae consigo la verdad indiscutible, incluso marchando en contravía de la decisión del juez.
Hoy la tecnología se convierte en la última palabra, porque no está corrupta y porque es visible para todo el mundo. Es la democratización de la verdad.
Estos últimos meses para los amantes del fútbol, los escándalos de suciedad de la FIFA son una verdadera vergüenza que ha logrado opacar al deporte más importante del mundo, con falta de ética y vicios poco saludables practicados desde hace muchos años. En pocas palabras, se comprobó algo que ya todos sabíamos: la FIFA es corrupta.
Pero lo más sorprendente no es que la FIFA sea corrupta, sino que finalmente entendimos la razón por la cual el fútbol es el único deporte que no le ha entregado a la tecnología la última palabra.
La FIFA ha dejado de manera muy hábil un limbo para la manipulación en manos de los jueces y no ha permitido que la tecnología y las cámaras de repetición se conviertan en el veedor de la transparencia a prueba de posibles interpretaciones amañadas.
Por el bien del fútbol, si la FIFA pretende limpiarse con credibilidad debe comenzar por ponerle fin a la era de interpretación ciega y darle la bienvenida oficial a la tecnología, como ya lo han comprobado la mayoría de los deportes. La verdad es sólo una y las cámaras deben estar ahí para comprobarlo. Se acabaron las disculpas y esta debe ser la primera decisión de su nueva dirección, y si no lo hace, sólo serán más pajaritos en el aire.
@juancarlosortiz