Haber estado en Cuba es como sentir por las venas un sentimiento de congelamiento generado por un régimen dirigido radicalmente por la misma persona durante más de cinco décadas.
Es también una aventura fílmica estática en el tiempo, tal vez un capítulo de la Dimensión desconocida escrito por Ray Bradbury o Rod Sterling, donde todo se mantiene sin movimiento en el reloj de la vida desde 1959. Las construcciones, los letreros, los avisos, la arquitectura, los carros, aunque muy pocos y hasta los recuerdos están detenidos en la historia. La invasión de los viejos mensajes políticos en las calles, pintados al estilo de los años sesenta en las paredes derruidas por la ausencia de mantenimiento, los cuales gritan “Señores yanquis, no les tenemos ningún miedo” o “Hasta la victoria siempre” o “Comunismo o muerte”, aparecen por todos lados.
Por medio de un modelo obsoleto de comunicación de una sola vía emitido por el Régimen, llamado propaganda política, queda claro que los receptores se limitan a recibirlo sin opciones y sin alternativas. Tema distinto al mundo digital donde la comunicación se vuelve participativa, donde las personas interactúan y crean en conjunto gracias a los espacios dados por las redes sociales, los blogs, la telefonía celular, el marketing y los buscadores.
En Cuba el mercadeo se mueve inversamente proporcional al resto del planeta. Mientras la gente en el mundo cada vez se conecta más y se mueve en comunidad , en Cuba priman la desconexión, el silencio y el aislamiento individual.
La apertura en Cuba no llegará hasta que no se instaure un espacio de participación digital. Lo que reclaman los habitantes de la isla es una apertura vital: la posibilidad de interactuar con el mundo y formar parte de él, como receptores pero también como emisores, en pocas palabras, como personas. Cuba tiene el nivel más bajo de acceso a internet de todo Occidente y las trabas para conectarse son enormes. En una conversación con un amigo cubano, confesó que la juventud de Cuba ya no creía en la revolución, pero que por naturaleza creía en muchas otras cosas.
Apasionante será observar cómo las plataformas digitales abiertas tomarán un papel protagónico en la isla y lograrán generar en un país la evolución de su política, de su vida, de su economía, de su futuro y sobre todo de su juventud que sigue soñando, pero ya no con vivir encerrada en una isla.
Sin duda, una sola primavera podrá generar más impacto que 50 años de embargo.
Conecten la web.
Amanecerá y veremos.