Hace 20 años comencé mi periplo laboral, cuando soñaba con ser un creativo en una agencia de publicidad, y así, como estudiante de la Universidad Javeriana, logré conseguir una práctica en Leo Burnett Colombia.
Cómo olvidar haber empezado a trabajar sin recibir un salario y sin saber qué era un computador, cuando aún todo se escribía en una máquina de escribir, se pegaba con cauchola y el máximo invento era la fotocopiadora. Pero era un estudiante y todo lo procesaba como una nueva experiencia extremadamente atractiva para mi sobrecargado espíritu, siempre lleno de entusiasmo y de actitud positiva.
Así realicé mi primer trabajo, un volante para distribuir en las calles que anunciaba la apertura de una nueva oficina de Davivienda en Bogotá. Seis meses después me contrataron y recibí el primer pago de mi vida. Lleno de felicidad pensé que tocaba el cielo con mis manos, que mis sueños no tenían límite y que mis padres podrían sentirse muy orgullosos de mí. Pero la vida nunca se detiene, da muchas vueltas y 15 años después terminé siendo el presidente de la compañía en Estados Unidos.
Ya han pasado 20 años y ahora desde DDB mundial puedo decir que el mundo sí ha cambiado. La revolución digital ha traído alteraciones sustanciales en el comportamiento humano y, por ende, en los modelos de negocio de muchas industrias, incluyendo la del marketing.
Negocios como el de la música, el de los libros o el de los videos han sufrido mutaciones absolutas que han forzado a replantear muchos esquemas. Esta influencia arrolladora ha llevado a desaparecer empresas y a ver emerger otras de manera contundente y muy rápida.
La velocidad del cambio es tan alta que genera desconcierto y miedo ante lo desconocido. Por eso tengo que aceptar que nadie sabe con certeza para dónde va el negocio publicitario, ya que su nueva historia se está escribiendo y nosotros somos partícipes de ella. Lo único que tengo claro es mi actitud hacia esa transformación.
Veinte años después de haber comenzado a trabajar, he vuelto a convertirme espiritualmente en un practicante, pero esta vez de la vida: un practicante de la vida con el apetito constante por no perder nunca la capacidad de sorprenderme, por aprender todos los días de las personas, por escucharlas y por ensayar proactivamente todo lo que está sucediendo a mi alrededor en este nuevo mundo hiperconectado y cargado de deseos de participación humana.
No sé con absoluta claridad qué viene por delante, pero sí sé que me está gustando enfrentarlo y formar parte de esta transformación humana, de esta reinvención del modelo, de esta reingeniería del negocio, de la vida. ¡Que viva el cambio!