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Problema de fondo y escenarios

30 de octubre de 2009 - 11:20 p. m.

SERÍA IDEAL QUE LAS TENSIONES con el gobierno del presidente Chávez se terminaran.

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Sería ideal tener una agenda de integración económica y de competitividad en beneficio de ambas naciones. Sería ideal una colaboración en las fronteras para atajar el crimen en todas sus formas. Por obvio que parezca esto se ve lejos. La grosería y el tono agresivo que se convirtió en la constante del gobierno “revolucionario” haría pensar que un tono más conciliador acabaría las tensiones. Pero no es del todo cierto, porque las diferencias son de fondo, no son de forma.

En Colombia, luego de décadas de violencia y frustraciones en procesos de paz, el interés principal se ubica en reducir a los violentos y en encontrar la paz sin dejarse imponer la agenda de organizaciones terroristas. Por su parte, el gobierno del presidente Chávez representa un cambio luego del fracaso de los partidos políticos en Venezuela y ha decidido llevar a su país hacia un modelo de corte socialista. Es natural y legítimo que ambas naciones tengan prioridades diferentes. El problema de fondo surge cuando el gobierno del presidente Chávez considera que debe exportar su modelo al resto del continente interfiriendo en los asuntos de otros países, y en Colombia ve con simpatía a organizaciones terroristas. Del lado “bolivariano” se dice que Colombia ha exportado la violencia y que el acuerdo con Estados Unidos amenaza su seguridad. Lo primero, más que una exportación es una importación, pues les han dado protección y colaboración a las Farc y al Eln, y libertad de acción al narcotráfico.

Lo segundo es porque creen que se limitan sus planes de intervenir en la región. Así las cosas, el problema es de fondo y de largo aliento, pero es necesario manejarlo. Cuatro escenarios se pueden observar en esta inevitable convivencia. El primero e ideal sería que por arte de la razón el presidente Chávez decidiera perseguir en su territorio a cualquier criminal que viole la soberanía venezolana. Este sería casi el fin de cualquier tensión. Del lado colombiano existiría la voluntad para colaborar y, en medio de las limitaciones de recursos de las partes, lograr resultados efectivos. Los grupos terroristas quedarían sin alternativas. El segundo escenario es que nos asuste la permanente tensión y optemos por un apaciguamiento que conduzca a una negociación con estos grupos en sus términos y bajo el auspicio del presidente Chávez. En este escenario, en no muchos años el país terminaría en el eje de expansión del Alba.

Un tercer escenario es que el presidente Chávez se desespere por su situación interna, piense que ya ha cocinado de manera suficiente un conflicto y decida agredirnos. Este sería un gran error de cálculo militar en el corto plazo, que quizá llevaría al fin de su régimen. No así en el mediano plazo, en que habrá acumulado capacidad militar que le dé superioridad relativa, en cuyo caso Colombia quedaría en una muy difícil posición. El último escenario es el de “guerra fría”. Colombia buscaría tener capacidades militares, inteligencia y alianzas que garanticen su defensa y disuadan una agresión en el mediano plazo, y al mismo tiempo evitaría cualquier exaltación verbal de los ánimos. Habría tensiones recurrentes, pero la paz sería perdurable, tendríamos que pensar en mercados y alternativas de integración diferentes a nuestro hermano siamés (como lo sugiere el ex ministro Hommes). El realismo nos debe llevar a optar por trabajar en el cuarto escenario, con la esperanza de que sea el primero el que se dé. Esperar a que se agrave más la situación sería un error.

Notas: Vale la pena leer el artículo del ex presidente Sanguinetti de Uruguay en la revista Visión. Critica el armamentismo regional y analiza de manera crítica el liderazgo de Brasil.

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