Sabas Pretelt y Diego Palacio, los autodenominados perseguidos políticos que ostentaron el poder ministerial con todas las ínfulas del satrapismo, y que cayeron cuando cayó la intención de una Presidencia eterna del patrón de patrones con condenas por cohecho y fechorías varias, se acogen ahora a la Justicia Especial Para la Paz (JEP), sin la soberbia de los años mozos, aceptando liberar los secretos inviolables de su secta para no morir en una cárcel aislada del reino que no fue.
Es el primer aviso del tiempo que llega, la primera generación tardía de la tormenta que vendrá con la verdad y su náusea y sus ejércitos de podredumbre estatal y sus pantanos de colaboraciones anónimas: los empresarios que hasta ahora han fingido una dignidad aislada del espanto y de la sangre, los congresistas que siguen sin aparecer en el espectro público con sus muertos colgantes, los ministros que forzaron el retorcimiento de la Constitución para una guerra perpetua, y que son más de los que ahora están bajo los focos del primer sometimiento a la justicia y a las comisiones de la verdad.
Y quien no está nada contento con el curso inexorable de la Historia es el mismo quien quiso retardar el tiempo con su único modelo de escuadrón de la muerte como política central, y quien pervirtió la concepción misma de la democracia y del Estado de Derecho y de la naturaleza del disenso. El mismo que convirtió un viejo odio sangriento en otro pabellón de la morgue. Sabe que ahora es el centro de toda la verdad y de todos los relatos de la decadencia, y sabe ahora que su defensa de batalla al catalogarse como perseguido político junto a su legión de diplomáticos de la delincuencia resulta cada vez más obsoleta y ordinaria como su modelo.
Pero parece que ante los nuevos vientos tampoco quiere ceder ni disminuir el tufo del desprecio. Contra Néstor Raúl Correa, secretario de la JEP, lanza su bocanada de fuego tradicional acusándolo de haber pertenecido a la nómina del cartel de Cali, sustentándose en el único portal que le queda para acreditar su psicosis ( Los Irreverentes), una página de viejas amarguras de ultraderecha y bilis dirigida desde Miami por Ernesto Yamhure, el periodista que vendía sus columnas a Carlos Castaño para que se pronunciara desde el monte mientras refundaba la patria.
Arremete contra todos y contra todo. Contra los jueces y sus traidores, contra los modelos alternativos a sus vicios, contra el periodismo, contra los académicos, contra los encuestadores, contra los presos que hablan desde lejos, contra los magistrados de una corte diferente, contra el procurador sucesor, contra sus propios defensores timoratos, contra los libros de historia, contra la historia, contra la verdad.
Apenas inicia la apertura de la Justicia Especial y el Ministerio de Defensa ha hecho conocer 817 solicitudes de acogimiento, entre las que se encuentran 347 miembros de la fuerza pública, incluidos generales de alto rango vinculados a las masacres conocidas. El amo de amos conocerá los testimonios de quienes le juraron lealtad, ahora que la Justicia opera sin la gravitatoria tradición de sus dominios.