La crisis mundial hizo girar todos los frentes a su evolución y a su posible final entre ensayos, vacunas, inversiones y campañas masivas de humanismo y compromiso social. Los gobiernos volcaron sus prioridades y todas sus agendas a las cifras humanas que caen en indicadores lejanos de muerte o salvación. Los medios atienden la emergencia con el cubrimiento virtual que llega entre las ondas de países que apenas intentan respirar o apenas ingresan al terror de las curvas disparadas. El frenetismo masivo arrasa con todo, y una noche es suficiente para un giro drástico en la situación que parecía medianamente controlada. La memoria y la atención visual no alcanzan a retener el estallido brutal de los números y las imágenes, eso lo saben muy bien los políticos que llegaron al poder a delinquir con saña y con sevicia, con la maestría en trucos de humo y distracción para evaporar finanzas entre nóminas paralelas y contratos ficticios. Tienen ahora las grandes ventajas de una noticia universal que anula otros posibles escándalos que puedan surgir entre esa larga sombra mundial de la emergencia y no perderán la oportunidad para saquear y despojarlo todo.
Las regiones poco protagónicas en la escena nacional ya tienen ahora las cifras más altas de sobrecostos y extrañas irregularidades con firmas urgentes: Ocaña, Mitú, Yopal han disparado la especulación en materiales y elementos de salud para atender la crisis, y otras regiones aledañas han iniciado una feria de contrataciones sin sustento y el dinero empieza a desaparecer entre el ruido y la histeria de los urgidos y los contratistas. Pero la feria y los saqueos delicados no se hacen solo en los pueblos aislados del contagio. El centralismo, con los recursos principales que apenas empiezan a distribuirse entre la lista larga de departamentos, se empieza a llevar en bocanadas los valores más gruesos con argumentos sospechosos. La Procuraduría y la Contraloría presionan al Gobierno Nacional para afianzar compras centralizadas que eviten el desfalco y contratos directos con las entidades territoriales. Pero hace pocos días empezó a hacerse pública la aparición de reclamantes falsos para el subsidio solidario impulsado por el mismo Gobierno Nacional, y en las principales plataformas aparecen cédulas de muertos y números inexistentes de beneficiarios listos para recibir dinero. Inmediatamente después del escándalo, la plataforma canceló temporalmente sus líneas para ajustar problemas técnicos. Una táctica extrañamente similar a otros famosos escándalos de desfalco por reclamantes aristócratas de tierras y subsidios.
Y los bancos, que siguen haciendo caso omiso a las sugerencias retóricas de ablandar sus cobros, no solo siguen amenazando con tirar a la zona oscura de morosos a sus clientes demorados. También cobran ahora excesivamente retiros en cajeros y se llevan parte de los subsidios consignados en las cuentas por asuntos de cuota de manejo y retención. Una feria de caníbales a sueldo en la peor emergencia económica del país que recuerde el siglo reciente de esta historia de excesos y de abusos. Los evasores tradicionales de impuestos siguen en silencio y siempre impunes intentando sacar lo poco que les pueden empezar a cobrar en tiempos de crisis, y los políticos de la tradición hacen silencio profundo. El mundo que aparece ahora no es el mismo que pudieron dominar con falsos discursos de humanismo y solidaridad. Les cuesta salir ahora a cumplir con sus viejos juramentos y sus jergas imprácticas. Pronto cobrarán también lo que hicieron en silencio, si quedan suficientes vivos para olvidar lo que hicieron desde siempre.