Noticias Uno sale del aire. El escándalo sacude toda la estructura nacional por las dimensiones de su ausencia. Es el único informativo ajeno a las injerencias y conflictos de intereses entre potentados y pulpos mercantiles, y el más avezado en investigación que logró sobrevivir a la más grave oscuridad de un poder reaccionario que ante cada estigma tuvo ejércitos de fanáticos dispuestos a llevar los señalamientos públicos a otras escalas de la intimidación. Noticias Uno publicó las pruebas de la reelección espuria de Álvaro Uribe y los nombres propios de un cohecho que destronaría toda la política nacional y el último escándalo monumental de los testigos muertos de Odebrecht, entre una historia y una tradición matizadas por los intereses de los grandes emporios sobre los medios de comunicación, ahora sus franquicias vigiladas con cuidado y recelo. La independencia fue demostrada con el sabido peligro de las consecuencias y las amenazas de políticos desde regiones donde solo gobierna el hampa y solo se contraargumenta con el crimen. Priorizaron la seguridad de las fuentes y los pactos de palabra, y entre las tormentas continuaron hasta que un comité decidió apagarlo todo ante la amenaza inerme de los números.
Su salida tiene una explicación pragmática entre las decisiones internas de los accionistas mayoritarios que ante los resultados económicos deciden cerrar el informativo y airear las inversiones. Nadie puede decir que la histórica y conocida mano negra, untada de sangre y de muertos, ha censurado a Noticias Uno por una decisión frontal contra su línea y sus contenidos. Pero los antecedentes del comité en que se decidió su final tienen otras dimensiones y otras escalas de una injerencia poco evidente pero muy efectiva entre la delicadeza de sus métodos.
Los anunciantes que antes estuvieron allí sin dificultad ni inconvenientes aducen desde hace un tiempo una exclusividad con los canales privados que impiden la alternancia, y la Superintendencia de Industria y Comercio, ahora dueña y todopoderosa de las decisiones concernientes a las TIC, responde, por supuesto, a las directrices del gobierno de turno. La balanza ya ha perdido su equilibrio si las escalas de mando y la dependencia de las entidades de regulación y vigilancia son evidentes y responden ante una amenaza sutil desde las altas esferas del dominio. La asfixia económica es una vieja táctica conocida entre intereses políticos sobre anunciantes que aparentan responder solo a la fiabilidad de los réditos.
Bajo esa misma atmósfera desapareció la revista Cambio, después de su investigación sobre Agro Ingreso Seguro y sus listados peligrosos de familias de alcurnia y tradición que recibieron los dividendos del programa que revindicaría el trabajo de las víctimas de un campo saqueado. Extrañamente los números tampoco cuadraron después y su cierre fue excusado con las cifras.
El excesivo dominio de las élites, sus fichajes negociados en el poder y sus alianzas empresariales les han permitido sostenerse en el tiempo sin mayores estragos, y han conocido muy bien los métodos sutiles del control social cuando las atmósferas les resultan adversas. Ya lo había advertido el patriarca destructor en la campaña electoral de su pupilo amordazado: “Daniel Coronell tiene pánico y con razón: un gobierno de Iván Duque manejará con transparencia las concesiones de televisión”. Ya es suficientemente conocido el trasfondo de sus eufemismos. La cacería de brujas empezaría en el primer año del poder contra todo el que intentara cuestionarlo de nuevo.