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El doble vicio de la crítica de arte nacional

19 de septiembre de 2019 - 12:00 a. m.

La crítica de arte en el país siempre ha transitado por dos extremos, alejada de su justo medio. Y siempre significa desde sus albores; desde, digamos, los escritos de Walter Engel y Casimiro Eiger.

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El doble vicio que acusa la crítica de arte en el país es caer en el recuento superficial de la obra o en el mero comentario biográfico. Los primeros intentan explicar la obra de arte por los colores y las formas que pueblan el lienzo, por los materiales que componen la escultura; los segundos, por el día del nacimiento del artista, por sus amistades y por el número y la calidad de sus amantes. La primera se limita a una crítica meramente formal; la segunda, a una lectura de la carta astral y del horóscopo, y a una hojeada del álbum familiar. Son estas las dos claves de interpretación de los críticos de arte en el país. Como si la vida no pudiera escapar a la anécdota biográfica o a los colores de la superficie; como si la plenitud de la existencia se librara en esos dos extremos, ambos tan alejados de la virtud del justo medio.

Quizás estos dos vicios —que, por exceso o por defecto, constituyen una misma falencia— ayuden a explicar el desinterés por la crítica de arte en el país, y quizás, entonces, no sólo deba achacársele a un público que se juzga en ocasiones superficial o inculto.

Ojalá podamos ver algún día en Colombia una crítica de arte cabal, en la que se den la mano la lectura de la trayectoria biográfica con el escolio de las formas y el análisis de la paleta del artista, sazonada con una pregunta seria sobre el porqué del fenómeno artístico. Un texto que reúna la profundidad con la extensión, el análisis del cuerpo de la obra con la glosa sobre el espíritu del artista. Una crítica que pondere los matices y justiprecie los detalles, y que, además, intente dar cuenta del cómo y del porqué del milagro artístico, y de la profundidad insondable y misteriosa del acontecimiento estético. Que nos hable, sí, de la biografía del artista, pero que no desdeñe el trasfondo; que dé cuenta de los avatares de la existencia, pero que esos mismos hechos puedan ser articulados en la regularidad de un sentido y en el anhelo de un horizonte; que señale los colores y las formas sin despreciar las maneras y el cómo de su consecución y su logro.

Una crítica, en suma, que logre rozar el halo poético que yace en toda creación y que nos hable así del misterio sutil e inquietante de la obra cumplida, que es transfiguración sutil y precisa del alma humana… Parece difícil, lo sé, pero en ocasiones puede todo ello intentar explicarse con belleza y con dignidad. Esa es la tarea.

@Los_atalayas, atalaya.espectador@gmail.com

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