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La donación del archivo fonográfico de la HJCK

23 de abril de 2014 - 11:43 p. m.

Poco eco se ha hecho, a mi juicio, de la reciente donación del archivo de voces de la emisora HJCK a la Nación.

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 El mes pasado el director de la emisora, Álvaro Castaño Castillo, hizo entrega protocolaria al presidente de la República de los cerca de cincuenta mil archivos fonográficos que componen esta colección importantísima y única.

Desde su fundación han quedado registrados los programas y las voces de sus colaboradores, además de entrevistas y testimonios realizados a personajes principales de la cultura del mundo hispanoamericano y de otras latitudes. Sería imposible ofrecer nombres, pues se trata de una pléyade ilustre de ese linaje amplio que, pese a todo, sigue siendo el de la cultura: narradores, poetas, pintores, escultores, músicos, compositores, prosistas, locutores, lectores…

Desde hace sesenta y cuatro años esta emisora se ha dedicado a una labor colosal en estos países tan dados a despreciar la cultura y en estos tiempos prosaicos tan prestos al repudio gratuito del espíritu: promover el arte. Y con un lema que es siempre el de la cultura; aquí sí, sea cual sea el país, sea cual sea el tiempo en que hayamos nacido: “para la inmensa minoría”.

Que ahora se done a la Nación el archivo de voces más importante de Colombia (y uno de los más importantes del mundo, ¿qué duda cabe?), y que ese mismo archivo —desde el mes pasado al cuidado de la Radio Televisión Nacional de Colombia— quede a la disposición del público, es un motivo de esperanza para que esa minoría inmensa se amplíe un poco.

Con este gesto de Álvaro Castaño Castillo me viene a la memoria también el acto de desprendimiento y generosidad que años ha tuvo Fernando Botero donando el grueso de su colección privada de arte a la Nación para que todos tuvieran libre acceso a ella, y constituyendo de esta manera el museo de arte más importante del país. Un museo que acoge más de doscientas obras de algunos de los más grandes artistas de los últimos dos siglos en el arte occidental. Juzgo ambos gestos de análoga importancia para la consolidación de un país libre y hermoso.

Ahí quedan, para nuestro solaz, esas horas y horas de grabaciones que, a su manera, albergan las almas de los allí retratados; como quedan también plasmadas las almas en los versos de los poetas y en los lienzos de los pintores: son el retrato de un instante. Allí quedan para la memoria las entrevistas realizadas, las composiciones emitidas, los programas hechos, los poemas leídos, las conferencias ofrecidas, las voces de narradores y de pintores, dando testimonio perenne y memorable de su paso por el mundo, de su búsqueda de consuelo y belleza. Ahí quedan para la posteridad, y, por mi parte, celebro con mucha emoción y con mucha gratitud el gesto de la donación del archivo como celebro cada empresa que contribuye a preservar un alma del olvido, pues se trata de un pedacito de terreno que le ganamos a la muerte.

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