Faltando 30 días para la elección de alcaldes en el país, comienza a quedar claro que los ciudadanos en Bogotá están cansados de las administraciones del Polo Democrático y de su apéndice, el partido de los Progresistas.
Entiéndase: es un nombre. Porque en verdad no ha sido sino el mayor obstáculo que la ciudad ha encontrado para seguir progresando. Fieles a la ideología de los regímenes totalitarios para los cuales lo único válido era lo que ellos inventaban (porque todo lo que emprenden se queda en proyectos y en imaginaciones), ceñidos al lema de hacer la ‘revolución de la revolución’, que dicho en español significa ‘destruyamos lo poco que hemos logrado construir’, han logrado lo que parecía imposible: que una ciudad que tenía un horizonte y un norte retrocediera décadas con respecto a lo que las administraciones anteriores al ascenso del Polo Democrático habían logrado.
Da tristeza y da pena ver cómo una ciudad que, tras arduos esfuerzos, había logrado que los que en ella habitaban –colombianos venidos de los cuatro rincones del país– comenzaran a sentir como propia. El camino no había sido fácil ni había sido breve. Fue menester que llegara un alcalde como Jaime Castro para que saneara las finanzas del Distrito, modernizara las empresas públicas y estatuyera un plan de ordenamiento territorial (POT) claro, sensato y ambicioso. Fue necesario que gobernara un profesor para educar a unos ciudadanos que malvivían en un mismo espacio que no llegaba a ser sociedad civil; uno que, además, cuidó y acrecentó las finanzas de la capital. Fue ineludible que llegara uno que ejecutara con celeridad las obras que la ciudadanía y la ciudad clamaban a gritos. Que construyera bibliotecas, parques, espacios públicos, ciclorrutas y avenidas. Pero todo eso es historia.
Con el ascenso al poder del Polo Democrático y de su hermano menor, el partido de los Progresistas, no sólo hubo un estancamiento en muchos frentes, sino hasta un retroceso dramático en otros. Durante los primeros meses del desgobierno de Luis Eduardo Garzón la ciudad retrocedió décadas en las tasas de criminalidad y homicidios, se desaceleró de manera lamentable la creación de nuevos cupos escolares, se perdió el espacio en zonas principales de la ciudad y un largo etcétera que hace muy difícil comprender la buena prensa de la que aún goza ese burgomaestre nefasto, mediocre e irresponsable. Durante la alcaldía de Samuel Moreno se robaron todos los fondos que para diversos proyectos de infraestructura había en la ciudad. Y la situación no fue distinta durante el período de gobierno de Clara López (hoy en campaña a la Alcaldía de Bogotá). El mandato de Gustavo Petro se ha caracterizado por su gestión paupérrima, equivocada, irresponsable; por su carácter atrabiliario y autoritario que servía muy bien para sus denuncias en el Congreso de la República, pero que no se aviene bien con la administración de una ciudad de nueve millones de habitantes.
Aún quedan 30 días y es tiempo suficiente para que se reconfigure el mapa electoral, pero esperemos que el electorado no siga beneficiando a un partido que recibió una ciudad 2.600 metros más cerca de las estrellas y la entregó con su polo a tierra.
@Los_atalayas