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¿Qué es la responsabilidad cultural?

16 de mayo de 2019 - 12:00 a. m.

Característica de todos los regímenes totalitarios es tener dominio absoluto sobre los medios de comunicación. En tales regímenes el gobierno codifica y controla todos los mensajes. Avala o censura toda la información que se hace pública (bien a través de la prensa, de la radio, de la televisión o de la internet). Ni la menor desviación es tolerada frente al mensaje oficial; toda hermenéutica es considerada una herejía.

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En Colombia, como en todos los países democráticos, se celebra la libertad de expresión y la pluralidad de opiniones, pero en Colombia, como en casi todos los países democráticos, se celebra más de lo que se apoya. No se percatan las personas (o no suelen percatarse) de que para poder ejercer ese derecho se necesita también del apoyo decidido de la ciudadanía.

Las virtudes de la pluralidad de opiniones y de que exista un espacio para el disenso son inmensas y se perciben a cada paso del vivir. Triste panorama tendríamos si todos tuviésemos que vestir un mismo uniforme, si tuviésemos que ver un único noticiero, si tuviésemos que repetir un único discurso o una misma opinión. Pero ocurre que la vida cultural diversa y variopinta de una nación, la oferta amplia de diversidad cultural, artística, gastronómica… depende del apoyo de las personas. Cuando cierra una librería por falta de clientes, cuando una joyería de una diseñadora independiente no puede pagar el arriendo del local, cuando una compañía de teatro no encuentra público para sus funciones… se empobrece la vida cultural de todo el país.

Apoyar las diversas manifestaciones culturales (entre las que se incluyen la gastronomía, el vestido, el ocio, los museos, los libros…) es tener responsabilidad cultural. Y para saber si contribuimos a tener una vida cultural sana y diversa bastaría con responder unas pocas preguntas: ¿en el último mes, pongamos por caso, compró usted algún libro, fue al teatro, estuvo en el cine, pagó la suscripción de un periódico o una revista, visitó alguna galería o algún museo, compró alguna obra de arte? Compare ahora el número de respuestas afirmativas con el número de veces que estuvo en la tienda de la esquina o en el bar. La diferencia entre unas y otras corresponde, más o menos, a la altura cultural y espiritual de un pueblo.

Compare, por poner otro ejemplo, el número de horas que dedicó la semana pasada a ver televisión, a las llamadas redes sociales o a estar en el gimnasio y el número de horas que dedicó al teatro, a los libros, a los museos, a las galerías y al cine. Pregúntese (o respóndase) si pagó la entrada al cine, si compró el libro… Tiene ahí, amigo lector, otros buenos indicadores de su responsabilidad cultural.

Claro que es importante ir al bar, pues allí cobra vigencia y gana esplendor la función social, tan importante para la vida, porque nos permite gozar del encanto del vicio y salir de las inclemencias de la rutina, pero también habría que enviciarse a la cultura. Y sería fácil de lograr si supieran que, al igual que el alcohol, también la cultura embriaga y cura.

@Los_atalayas, atalaya.espectador@gmail.com

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