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Huesos rojos

07 de febrero de 2009 - 10:00 p. m.

Alguna vez hablé aquí del “llamado de Blois”: un documento fundamental,  en el que algunos de los mayores historiadores del mundo le piden a la humanidad, así como suena, que no utilice más sus leyes ni sus pleitos para reescribir la historia ni para encarcelar a quienes la escriben contrariando los dogmas oficiales.

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Porque los historiadores y la gente –decían los firmantes de Blois– tienen derecho a decir  lo que se les dé la gana, siempre y cuando todo esté sustentado y pueda ser motivo, justamente, de la duda y de la discusión, pero no de la cárcel.

La cosa es que en Francia se habían firmado varias “leyes de la memoria”, prescribiendo penas muy duras para quienes debatieran públicamente temas tan sensibles como el del Holocausto o el del genocidio armenio. Varios historiadores acabaron a las puertas de la cárcel, resolviendo en los juzgados lo que habría debido discutirse en las universidades, o en los libros. Porque una cosa es la memoria y su poder reparativo (que es sagrado, que limpia las marcas de la infamia), y otra muy distinta que los Estados, o los jueces, impongan la verdad histórica desde el Código Penal. Porque eso es el fascismo.

En fin: vuelvo a hablar de Blois porque en enero se cumplieron 70 años de un hecho histórico atravesado por el dolor: la “retirada” hacia Francia, como en una procesión, de los miles de republicanos  españoles que, ante la caída de Barcelona en manos de la Falange, tuvieron que cruzar la frontera para nunca más volver. Atrás quedaba España, una sola de ellas; y por los Pirineos, camino de Argelès, se dispersaba la sangre de un ejército que fue derrotado, no sólo por Franco, sino también por la torpeza de sus líderes y las contradicciones de su causa.

Y qué curioso: esta conmemoración, que ha sido casi borrada por los medios, no ha merecido tampoco el menor interés del juez Baltasar Garzón, quien anda empeñado en desenterrar los huesos republicanos de la Guerra Civil, como si en ella hubiera muerto sólo un bando. Pero  desenterrar huesos rojos sí da publicidad, y en cambio recordar, o exaltar la memoria de todos los caídos, no. Muchas veces quienes hacen las famosas “leyes de la memoria” dicen combatir el fascismo, y en últimas lo promueven al imponer la verdad, una sola verdad, por la vía de la intimidación. Hace 70 años por los Pirineos, camino del exilio, iba la verdad. Una verdad. La otra España.

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