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Aire para los niños

15 de abril de 2020 - 03:19 p. m.

El gobierno colombiano ha ido tomando las decisiones adecuadas para enfrentar la pandemia. Expresar lo contrario no solo sería absurdo, sino injusto. Ni siquiera los opositores de Duque (entre los cuales me incluyo) podemos negar cómo en Colombia las cosas se han manejado con cabeza y no a las “Trumpadas”. Como bien lo mostró el columnista Mauricio Vargas, mientras países como España e Italia confinaron a sus habitantes 40 y 43 días después del primer caso, respectivamente, Colombia lo hizo el día 18. Es decir, se actuó lo más rápido que se pudo teniendo en cuenta el contexto.

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Si bien no equivocarse en un momento como este parece imposible, se ha hecho un gran esfuerzo para proteger a la población en todo sentido. Además, teniendo en cuenta la ventaja de ver la evolución de la crisis en otros países, las prudentes acciones emprendidas hasta la fecha han aportado sus frutos y hasta han conseguido hacer frente a todos aquellos que buscan incumplir las reglas por un simple capricho: una cosa es que una persona que vive del día a día se vea obligada a salir para conseguir el sustento diario, y otra que los que no tienen problemas económicos busquen la manera de salir a pasear. A estos últimos los aqueja algo peor que el virus: la falta de respeto por la vida del otro.

Sin embargo, en medio de este esfuerzo conjunto para entender lo que pasa y actuar en consecuencia, hay un punto sobre el cual nuestros gobernantes deberían reflexionar y reaccionar lo antes posible: el confinamiento de la población infantil. En un artículo publicado el 14 de abril, el periódico español El País da cuenta de los problemas a mediano y largo plazo que podría ocasionar el encierro en los niños: ansiedad, obesidad, incremento de la violencia y depresión son algunos de los síntomas que se han identificado en los últimos días en España. Algunas voces se han levantado para buscar soluciones concretas que permitan dejarlos salir a respirar y se le ha pedido a la Asociación de Pediatría que evalúe “los condicionantes para el desconfinamiento de los niños”.

Aunque al inicio del confinamiento esta cautelosa medida era comprensible por razones de precaución absoluta, ahora después de unas semanas vale la pena cuestionarla y darle quizás algo de flexibilidad. En un país como Alemania, donde la gran mayoría de la población puede salir sin problema, siempre y cuando respete el distanciamiento y no salga en grupo, nunca se puso en duda esta posibilidad. Mucho menos se hicieron estudios sobre los efectos negativos de que los niños salgan a respirar un poco, por más asintomáticos y/o “grandes transmisores de la enfermedad” (El País) que puedan llegar a ser. Y es que hasta Italia permitió en su momento que los niños salieran un rato a la calle en compañía de uno de sus padres.

Vale la pena plantear esta idea con claridad y responsabilidad para darles a los niños un respiro. Tanto ellos como sus familias lo están necesitando. Por más amorosos que sean los padres y más juiciosos que sean los niños, la creciente monotonía del confinamiento y las preocupaciones y los miedos de cada ser humano pueden ser vectores de violencia a diferentes niveles. No parece justo que adultos potencialmente asintomáticos, o con síntomas casi imperceptibles, sí puedan salir (así sea para hacer compras) y que los niños sigan estando encerrados. ¡Qué paradoja que ahora que el aire de las ciudades es más puro, no puedan disfrutarlo los que más lo necesitan!

Presidente Duque, gobernantes, científicos expertos: la mayoría de ustedes lo ha hecho bien y debemos estar agradecidos por ello. En esa misma línea, los invito a que piensen en una estrategia que permita a los niños salir de sus casas así sea por un corto tiempo. Los invito a buscar una estrategia que combine la responsabilidad individual y el respeto por el otro para evitar que los niños recuperen algo del espacio perdido. Una idea podría ser salir 30 minutos todos los días a la misma hora con uno de sus padres, cuando estos tengan el derecho de salir, y en ese momento limitar la salida de aquellas personas que no tengan hijos. Para esto, como se ha hecho en Alemania, la salida tendría que ser desplazándose (no quedarse jugando en un lugar específico) y evitando entrar en contacto con otras personas. Espero se encuentre una solución: no olvidemos que la salud mental de nuestros niños y niñas también debe ser una de las muchas prioridades que existen en este momento.

@jfcarrillog

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